cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Reseña: «Un rey sin diversión», de Jean Giono

Resulta realmente difícil resumir el argumento de Un rey sin diversión. Lo que podría parecer una thriller detectivesco, en el que el policía Langlois investiga las misteriosas desapariciones acaecidas en un pueblecito francés, resulta ser algo mucho más complejo.

La resolución del misterio se produce antes de que alcancemos la mitad de la novela, y el devenir de la historia da un giro sorprendente. Langlois, hilo conductor a la postre del relato, regresa tras un tiempo al pueblo para instalarse en él. Después, una cacería de lobos o el deseo del maduro policía de encontrar una esposa serán algunos de los acontecimientos que acabarán conduciéndonos a un final inesperado.

La narración se nos ofrece desde diversos puntos de vista. Los narradores se solapan, se confunden en una única voz que desgrana la historia en distintos periodos temporales, exigiendo al lector un esfuerzo extra para dilucidar quién cuenta qué en cada momento. Testigos de los hechos se alternan con un narrador principal que, mucho después de que estos tuvieran lugar, ha investigado todo cuanto ocurrió en su día.

El estilo de Giono intercala fragmentos de un lirismo arrebatador con expresiones localistas que rozan lo grosero (y que habrán causado más de un quebradero de cabeza a la traductora, a tenor de lo que ella misma plantea en la introducción de la novela). Así, descripciones forjadas con una prosa poética se dan la mano con diálogos (o voces de algunos de los protagonistas que ejercen de narradores) con un registro bajo, creando un contraste que, con todo, no resulta incómodo en ningún momento.

Un rey sin diversión no es una novela de lectura fácil pero, paradójicamente, se lee prácticamente de un tirón. Resulta muy fácil dejarse atrapar por la prosa de Giono, perderse entre sus descripciones e imaginarse en ese pueblecito cubierto de nieve, arrimado a la estufa mientras Salchicha, la dueña del café, nos sirve un licor que nos haga entrar en calor.

Nos encontramos ante una de esas obras que invitan a la reflexión y a posteriores relecturas que, probablemente, aporten nuevas interpretaciones a lo leído. Pero, aunque sólo se lea una vez, Un rey sin diversión ofrece una experiencia fascinante a cualquier lector que ame la buena literatura.

Por José Rafael Martínez Pina

Scroll Up