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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Trabajos forzados: los otros oficios de los escritores

Debería de ser feliz no solo pensando en este paisaje literario y ensayístico que me rodea en forma de libros sino, simplemente, por los últimos que me han llegado esta misma semana.

Lo malo de los libros, cuando tienes acceso sin esfuerzo a tantos títulos, es que no tienes tiempo de disfrutarlos todos y eso es una frustración para uno y un desdoro para quienes los han escrito con tanto esfuerzo. Para sobrevivir,los escritores han tenido que recurrir tradicionalmente a los oficios más variados,desde buscadores de oro a carteros, desde contrabandistas de opio a fogoneros en un barco en China, desde conductores de autobús a verdugos, guardias o vendedores de bisutería… y de hacernos saber eso se encargó otra colega literaria, Daria Galateria, autora de un libro que tengo entre las manos, “Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores” (Editorial Impedimenta), que recopila los casos de notabilísimos literatos con trabajos de supervivencia.

Ella misma puede escribir porque es profesora de Lengua y Literatura Francesa en Roma, aunque el trabajo que le da de comer sea mucho más llevadero que el de Jack London, que llegó a transportar maletas por la nieve a puro músculo en tierras de buscadores de oro pero solo se quejaba de los dolores de espalda que le producía estar sentado ante la maldita y adictiva máquina de escribir. Bukowski era cartero disciplinado aunque en una tarde de borrachera pudiera arrasar una casa; Gorki fue descargador del Volga, pinche, fogonero, pescador y panadero; Kafka era agente de seguros y Apollinaire empleado de banco… No digo yo que entre nosotros, en tierra gallega, se den estos contrastes entre la pluma y el empleo oficial pero vivir de la literatura es un riesgo asumible por muy pocos, aún cuando exista mucha obra, y más si escribes en una lengua minorizada como el gallego. Es entre funcionarios y profesores donde más escritores aparecen y ustedes sabrán por qué pero hay casos curiosos como el de David Monteagudo, luminoso novelista, que es maquinista en una fábrica de cartón ondulado; Ann Alfaya, detective privada (como Hammett, inventor del género negro); Luis García Mañá, Comisario Jefe de Policía; Manuel Burgos, ex poli y ahora abogado; Xaime Queipo, inspector de pesca en la UE; Xavier Paz oceanógrafo; Rafael Pazo ingeniero eléctrico; el poeta guardés Francisco Álvarez “Koki”, camarero en Nueva York y también en el mundo inmobiliario…

La escritura tiene una naturaleza vampírica y de eso se quejan muchos escritores, tras cuya obra está un tremendo esfuerzo, a veces inconcebible. Un ejemplo inmediato,cercano,es el filósofo y crítico de arte gallego Ignacio Castro Rey,que para escribir Roxe de Sebes,que acabo de leer, se apartó temporadas de varios años a un lugar sin presencia humana en lo alto de la Serra do Caurel, como un radical anacoreta. Por esa consciencia de las muchas energías y tremendas ilusiones que cada autor entrega a su obra me parece un despilfarro que me lleguen tantos libros que no pueda leer, si acaso ojear y acariciar la mayoría admirándome por el cada vez más atractivo diseño de sus portadas.Hace pocos días comprobé en Edicións Xerais cómo se recibían (como recién nacidos) dos nuevos libros que aún no están en la calle y ambos sobre los años 80 vigueses: el de Emilio Alonso y el de Victor de las Heras,de cuyo doloroso proceso de gestación por los autores he sido testigo por ser amigos míos. ¿Qué libros han llegado a mis manos esta misma semana, sin ir más allá y cuáles podrán ser aprovechados por mi acosada mirada lectora? El notario Alberto Casal, hombre sapientísimo a quien visité hace unos días en su retiro bucólico de Gondomar,me regaló viendo mis prisas y mi vértigo de urbanita una obra preciosa de pequeño formato y pocas páginas, llena de tranquilidad y naturaleza:” Colores de otoño”,de Henry David Thorau. De la editorial Reino de Cordelia me llegó también esta semana y con despampanantes diseños, “La velada de Benicarló”, que debe ser la obra póstuma de Manuel Azaña sobre España; pero también serie negra con “Asesinato en el Kremlim” (Alejandro Gallo) y obra poética con”El diablo listo y otros poemas” (NiKolay Gumiliov); de este mismo periódico y con Ceferino de Blas como autor, me llegó “Cunqueiro y Faro de Vigo”; de Planeta, el ganador y el finalista de este año… y aún podría seguir.¿Cómo no me va a parecer una afrenta desperdiciar su lectura?

Por Fernando Franco

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