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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La edad de oro de los libros ilustrados (Sara Morante y «Los zapatos rojos»)

Las editoriales ofrecen una tentación al bibliófilo con volúmenes de bellos dibujos y publicaciones agradables a los sentidos

Gustan a los niños y conquistan a los adultos. Son los libros ilustrados, que en España gozan de una nueva edad de oro. Frente a la frialdad del ‘e-book’, los editores tratan de retener al lector mediante auténticas joyas. El secreto es bien sencillo: esmerada edición, un papel cuidado agradable al olfato y al tacto y unas bellas estampas. El género fantástico y los álbumes para niños se prestan a este tipo de volúmenes donde la pintura y la literatura se anudan en un feliz maridaje.
Benjamin Lacombe (París, 1982) es una estrella de la ilustración en Francia. Galardonado y agasajado por la crítica, su renombre es tal que sus libros aparecen en varios idiomas de forma simultánea. Sus dibujos son inquietantes y en ellos el ilustrador acostumbra a jugar con las luces y las sombras para dar a sus pinturas un poso tenebrista y gótico. Lacombe es autor de las pinturas que aparecen en los ‘Cuentos macabros’, de Edgar Allan Poe, y ‘Blancanieves’, de los hermanos Grimm. Los dos álbumes están editados en España por Edelvives, que ha convertido en artículos de orfebrería los libros-objeto tocados por la gracia del parisino.
El dibujante francés ya había seducido al público español con el libro ‘La niña del silencio’, que aborda un asunto tan actual como el maltrato, y ‘El herbario de las hadas’, un precioso volumen que cuenta con una versión electrónica en francés y para Ipad, donde las imágenes se replican.
Lacombe no oculta su fascinación por la estética de los cineastas Almodóvar y Lars von Trier, los pintores del Quattrocento y las fotografías pintadas de Desiree Dolron. Su imaginario evoca el mundo de Tim Burton y las ideas fijas de Hitchcock. “Me encanta el mundo de Burton, aunque es más humorístico que yo”, dice este artista, que acaba de realizar una exposición sobre dos de los personajes del director y productor estadounidense: Eduardo Manostijeras y Alicia.
Lumen, que lleva más de 40 años publicando libros infantiles, presenta ‘Besos que fueron y no fueron’, un libro ilustrado por Roger Olmos y con texto de David Aceituno. De la mano de Olmos nacen unas bellas estampas, delicadas, poéticas e imaginativas. Dibujos que tienen su contrapunto con una prosa divertida que apela a la fantasía de los más pequeños. David Aceituno hace un recuento de besos mágicos, capaces de despertar a princesas y exorcizar hechizos, besos que llevan veneno en los labios, que se prolongan por espacio de días. En resumen besos de patio de colegio, de cuarto trasero y de patio de verano. Estamos ante un libro que, como bien dice Aceituno, deja un buen sabor de boca.
La editorial Impedimenta recupera un cuento de Hans Christian Andersen (1805-1875), ‘La niña de los zapatos rojos’, una de las piezas menos conocidas del escritor danés. Como todos los textos del autor de ‘El patito feo’, el relato tiene una fuerte carga moralizante. En este caso Andersen carga las tintas contra el pecado de la vanidad, que es el defecto que acecha a Karen, una niña tan pobre que ni siquiera puede comprarse unos zapatos. Esa frivolidad llevará a la perdición a la pequeña, quien por ese desliz es cruelmente castigada.
Aparecido en 1845, el cuento ofrece paralelismos entre las tribulaciones de la niña y la vida del escritor. Ambos sufrieron en carne propia el asedio de la penuria, la desgracia e incluso la obsesión por los zapatos, los mismos que arreglaba su padre hasta que la muerte se lo llevó por delante cuanto el escritor apenas contaba con 11 años, circunstancia que le condujo a la miseria.
‘La niña de los zapatos rojos’ no en un cuento al uso, con final feliz. El regusto amargo que deja en el lector quizá tenga que ver con las penalidades que sufrió Andersen, hijo de una alcohólica y de un zapatero achacoso. No era raro verle vagando por las calles, durmiendo a la intemperie debajo de un puente o mendigando una limosna.
Sara Morante, autora de los dibujos, ilustró también para Impedimenta ‘Diccionario de literatura para esnobs’, de Fabrice Gaignault. La artista no ha querido ahorrar dramatismo y tristeza al cuento de Andersen. Sus creaciones, además de esclarecer el cuento del autor danés, no endulzan el final. A Morante le interesa el trabajo riguroso, sin hurtar al lector las sevicias de los villanos.
Mención aparte merece el trabajo del ilustrador e historietista Javier Olivares, quien ha traducido a imágenes el argumento de ‘El perro de Baskerville’, tercera novela de Arthur Conan Doyle, que tiene por protagonista principal al detective Sherlock Holmes. Olivares es de los que piensan que un libro ilustrado siempre enriquece, nunca empobrece el texto. Como todos los ilustradores, trata de ser fiel al texto y acercarse al espíritu del libro, sin traicionarlo. Como bien dice el director editorial de Nórdica, Diego Moreno, una de las primeras cosas que hace el lector al toparse con uno de estos libros es “olerlo, tocarlo, apreciar que la tipografía es más grande y cuidada”.

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