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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Novelas en tres líneas», de Félix Fénéon

“¿Quién puede dar una definición de novela? Yo cuando era un muchacho empecé a coleccionar definiciones de novela y llegué a tener más de trescientas, pero me di cuenta de que no servía para nada porque si el Ulises de Joyce respondía a las premisas de una definición, sobraba El Decameron, de Boccaccio, y lo mismo pasaba con otras obras geniales

Tras una vida repleta de novelas, ni el propio Camilo José Cela se atrevía a dar una definición de este concepto tan sólo tres años antes de morir. ¿Una novela tiene que estar poblada de personajes? ¿Ha de estar sujeta a una estructura determinada? ¿Cuántas páginas debe tener? ¿Puede haber novelas de tres líneas?

París. 1906. El diario Le Matin encarga a Félix Fénéon elaborar la página de sucesos de la publicación. A priori, esta sección puede resultarnos aburrida y monótona, incluso de mal gusto por la sangre que gotea de la mayor parte de sus textos. Esto mismo debió de pensar Fénéon, quien decidió llenar la página negra del periódico con sus Nouvelles en trois lignes.

El escritor se sirvió del polisémico concepto de “nouvelle”, que significa noticia y novela (corta), para definir sus textos. Son historias brevísimas, contadas en tres líneas, que conjugan actualidad, acidez y poesía. Fogonazos de la realidad de 1906 escritos con una precisión sublime, con una gran riqueza léxica que, como bien indica en el prólogo Antonio Jiménez Morato, son “un auténtico infierno para un traductor, que se ve obligado a un dominio en la lengua de destino similar al excepcional vocabulario que Fénéon tenía en francés”.

“Después de levantarse sin heridas aparentes, Gédéon Aveline, vecino de Arcueil, sobre quien acababa de pasar el carro de la lechera Pédallier, ha muerto”. El humor negro, con un pincel de punta delgada, barniza píldoras literarias como ésta, convertidas en una valiosa radiografía de la sociedad francesa de comienzos del siglo XX. Vemos cómo los suicidios, de cualquier olor y sabor, estaban a la orden del día, al igual que los robos, asesinatos, accidentes de carruajes y maltratos. Una sociedad rebosante de crueldad y miedos, de envidias y celos, de locura e histrionismo no muy distinta a la actual.

La obra, que Lluís María Todó ha traducido por primera vez al español, reúne cerca de 1.200 textos de Fénéon, una de esas figuras del París de principios del XX olvidadas hoy por todos pero que tanto hicieron en su época por la pintura y la literatura más innovadora. Este crítico de arte, periodista y editor anarquista fue quien descubrió a grandes postimpresionistas como Matisse o Seurat y a escritores de la talla de André Gide. Fénéon siempre huyó de la fama. “Tan solo aspiro al silencio”, confesó en alguna ocasión cuando sus amigos le preguntaban por qué no reunía toda su obra en un solo libro.

Siguiendo el ejemplo de New York Review Books, que tradujo Nouvelles en trois lignes al inglés en 2007, la editorial Impedimenta ha abierto una cuenta de Twitter a la novela, donde suben cada día uno de los ácidos textos de Fénéon. Resulta asombroso observar cómo un autor de principios del siglo pasado se ajusta a la perfección a la rigidez de la norma sagrada de los 140 caracteres. De este hecho podemos extraer una conclusión certera e hilarante, en la línea de la estética de Fénéon: el escritor habría sido un gran community manager.

Por Marian Chaparro

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