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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Sobre Solaris y Stanislaw Lem

“Sólo estamos buscando al Hombre. No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con los otros mundos. Un sólo mundo, el nuestro, nos es suficiente; pero no podemos aceptarlo tal y cómo es. Estamos buscando una imagen ideal de nuestro mundo: vamos en una búsqueda de un planeta, una civilización superior a la nuestra pero desarrollada sobre la base de un prototipo de nuestro pasado.”

Aprovechando los kilómetros que separan Barcelona de Madrid, sentado tranquilamente en el AVE, di la estocada final a un libro distinto. Solaris. Escrita por Stanisław Lem, publicada en Varsovia en 1961 y ambientada en un planeta homónimo.

¿Qué lo hace distinto? Su enfoque. Básicamente, la ciencia ficción, con la inestimable colaboración de nuestro querido Hollywood, nos ha habituado a tres cosas sobre la supuesta posibilidad de vida en otros planetas:

Los extraterrestres tienen forma humanoide o, por lo menos, rasgos humanos.
En un momento u otro, la comunicación es no tan sólo posible, sino que hasta la amistad o el comercio es algo habitual entre especies.
En caso contrario, son simplemente hostiles y su objetivo es la destrucción de la humanidad.

Sólo hace falta recordar E.T., Star Wars o Aliens, para citar algunos célebres ejemplos. No obstante, existe otra categoría menos popular, menos espectacular y de menos tirada o taquilla, pero que obliga a abrirse a otras opciones, a pensar de formas alternativas. Solaris pertenece a esta segunda categoría, a la que prometo dedicar un post.

No voy a hacer un spoiler del libro, pero éste gira entorno a los inútiles intentos de comunicarse con el océano del planeta Solaris, un gigantesco ente compuesto de multitud de compuestos químicos, el cuál presumiblemente tiene vida y muy probablemente, inteligencia. No obstante, los recurrentes experimentos que intentan descifrar como se comporta el océano sólo resultan en distintos fenómenos y reacciones que no parecen seguir ningún patrón ni sentido. Cuando un reducido grupo de científicos establecidos en el planeta ejecuta un experimento más agresivo, el océano reacciona de una forma inesperada; los investigadores reciben la visita de clones de seres queridos. En el caso del personaje central, narrador y protagonista, Kris Kelvin, de su difunta exmujer. Éstos “visitantes” desnudan la personalidad de cada uno de los investigadores a lo largo de la novela, pero dejan la del océano tan desconocida como al inicio. ¿Fueron creados como venganza para torturarlos? ¿Fueron regalos para recuperar personas queridas? ¿Fue sólo una prueba? El autor utiliza este punto para hacer un estudio de la psique humana, de las relaciones afectivas y sobretodo, de los límites del conocimiento científico.

Stanislaw Lem (nacido el 1921 en Lviv, entonces Polonia, luego URSS, ahora Ucrania) usa este tipo de temas filosóficos que involucran especulaciones sobre nuevas tecnologías, la naturaleza de la inteligencia y las posibilidades de comunicación y comprensión entre seres racionales, proponiendo la existencia de limitaciones del conocimiento humano y buscando el lugar de la humanidad en el universo. (Google le dedicó un Doodle no hace mucho, que fue el que me inspiró a buscar quién era y probar sus libros. Murió en 2006).

Solaris no iba a ser menos. El océano de Solaris parece albergar una monstruosa conciencia, pero es tan absolutamente diferente al ser humano que se tardan años siquiera en concebir que nos encontramos ante otro ser inteligente. Cuando finalmente se hace ineludible la evidencia, a los científicos humanos se les plantea el terrible problema de cómo establecer ese contacto. Por más que se intenta, todo resulta en meras teorías, desde su autismo hasta a que no nota al ser humano, como un elefante no nota a una hormiga en su lomo. Hay una frase que lo resume, cuando Kris se coloca sobre el océano (la traducción es mía y libre):

“El gigante líquido había significado la muerte de centenares de hombres. La raza humana había intentado establecer, en vano, un mínimo contacto con él, y ahora sostenía mi peso sin notarme más de lo que notaría a una mota de polvo”

Lem nos abre los ojos ante las posibilidades reales de establecer un verdadero contacto, dónde otros autores son tan optimistas. Usando la lógica, nos propone que, aunque existiesen otros seres inteligentes en el universo, probablemente ni seríamos capaces de concebir como pudieran ser estas inteligencias. Las diferencias, mucho más allá de diferencias culturales, podrían ser tan básicas que el contacto sería imposible, aún poniendo lo mejor por ambas partes.

Existen dos adaptaciones al cine de la novela, una de Andréi Tarkovski en 1972, que podréis encontrar fácilmente, en ruso (pero existen subtítulos), bastante recomendable, pero como complemento al libro, y otra de Steven Soderbergh en 2002, con George Clooney, que básicamente omite el mensaje de Lem para centrarse en la relación con su visitante. No la recomiendo. Es Decafeinato.

Es sin duda una de las novelas más inteligentes que he tenido ocasión de leer recientemente y es por eso que la recomiendo. Construida alrededor de temas tan trascendentes como la naturaleza humana, la oscuridad del alma humana, nuestras memorias y la posibilidad de errores de la ciencia, este libro retrata la debilidad del ser humano en frente de una entidad inexplicable, algo que ofrece sin pedir nada a cambio. Al fin y al cabo, no se trata de ciencia, sino de lo que nos hace humanos y de qué es lo que nos podría separar de otras formas de vida.

“Sólo estamos buscando al Hombre. No necesitamos otros mundos. Necesitamos espejos. No sabemos qué hacer con los otros mundos. Un sólo mundo, el nuestro, nos es suficiente; pero no podemos aceptarlo tal y cómo es. Estamos buscando una imagen ideal de nuestro mundo: vamos en una búsqueda de un planeta, una civilización superior a la nuestra pero desarrollada sobre la base de un prototipo de nuestro pasado.”

Voy a seguir en el metro con “The Invincible”, que escribió en 1964, centrándose en que la evolución no necesáriamente lleva al dominio de las especies con superioridad intelectual. Parece interesante.

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