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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La juguetería errante», de Edmund Crispin

La juguetería errante es una pequeña joya para los enamorados de las historias rocambolescas y con mucho sentido del humor. Un ejercicio de estilo que alcanza la excelencia literaria por el puro placer del disfrute literario.

Novela curiosa y sorprendente, La juguetería errante es, en sí mismo, un juguete obra de Edmund Crispin, un auténtico académico de Oxford con un peculiar sentido del humor.

Hay que decir que el verdadero nombre de Crispin era Bruce Montgomery, licenciado en Lenguas Modernas en el St. John”s College y maestro de coro durante algunos años. Esto quiere decir que el autor de La juguetería errante estaba bien empapado de la peculiar naturaleza de la ciudad de Oxford, santo y seña del academicismo occidental, tanto para lo bueno como para lo malo.

Crispin utiliza dos personajes de gran carisma, el poeta Richard Cadogan, típico bohemio con ínfulas, vago e inglés hasta la médula, y el que sería el gran protagonista del resto de sus obras, el profesor de literatura inglesa Gervase Fen, siempre al volante de su incontrolable deportivo rojo, el Lily Christine.

Es a partir de estos dos personajes y Oxford, un Oxford alejado de esa oscuridad rancia que destilaría la obra de autores como Colin Dexter, y que se erige como una ciudad en la que puede pasar cualquier cosa, por extravagante que sea, sin que se muestre por ello la más mínima atención.

Crispin se burla con fina ironía de las novelas enigma, sobre todo de las de «puerta cerrada» creando una trama barroca, enrevesada, llena de trampas, algunos deus ex-machina, investigaciones llevadas por pistas absurdas, engaños y persecuciones a través de los colleges de Oxford. Todo esto aderezado, como no, por numerosas citas a grandes clásicos de la literatura y algunas eruditas referencias culturales. Gran trabajo en la traducción, que no debe haber sido un trabajo sencillo.

La juguetería errante es una pequeña joya para los enamorados de las historias rocambolescas y con mucho sentido del humor. Un ejercicio de estilo que alcanza la excelencia literaria por el puro placer del disfrute literario.

Por Alfredo Álamo

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