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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La juguetería errante», de E. Crispin

La historia: Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería.

Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y, en su lugar, lo que encontrarán será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de lo más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema, y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

Había leído muy buenas reseñas de esta novela policiaca, así que cuando unos muy bien intencionados Reyes Magos me la regalaron, me puse mas contenta que unas pascuas. Me salgo un poco de las historias de época (one more time) para reseñaros este clásico de la literatura inglesa (la novela está ambientada en los años 40), porque, al fin y al cabo contiene algo que nos encanta en Crónicas de ferrocarril, el más puro humor inglés.

Lo primero que os quería decir es que… ¡Tenéis que conocer a Gervase Fen! Y por supuesto también al glotón de Cadogan… No es momento para perder el tiempo con personajes apocados y aburridos cuando hay un número tan grande de secundarios desternillantes esperándoos en este libro. La novela, dicho sea de paso, se lee en un suspiro. Los giros y contragiros del guión no llegan a marearnos, pero tampoco dejan de sorprendernos, y el humor… ¡Ah! ¡Qué maravilla volver a reírme a carcajada limpia con un libro!

La juguetería errante es un clásico, pero a nosotros nos llega como nuevo, y la frescura que tiene el libro, el ritmo endiablado por el que nos conducen los acontecimientos no se detienen en ningún momento. La intriga es cada vez más rocambolesca, y aunque tengo que admitir que me gustó más el principio que el final (me encantó la presentación de los personajes y sus conversaciones absurdas que van ligeramente en detrimento con el paso de la acción) el resultado es estupendo.

A parte de ser muuuy divertida, y de tener unos personajes inolvidables, me ha encantado que la aventura tenga lugar en una ciudad real; Oxford, (y de hecho Oxford podría ser considerado un personaje más dentro de la novela por la importancia que tiene) con calles, tiendas, plazoletas y edificios que existieron y existen. Los numerosos pies de página son de agradecer y resultan muy interesantes, aclarándonos determinados lugares nombrados por el autor.

También hacen bien en explicarnos detenidamente quien es quién en las numerosísimas menciones que se hacen de literatos y poetas durante todo el libro (algo que desde el principio me cautivó). Además, el autor arriesga a jugar con el lector hasta límites insospechados, haciendo referencias y menciones directas a la propia novela y a sí mismo.

En conclusión, La juguetería errante es un libro tronchante, con diálogos de verdadera locura y constantes referencias que merecen un estudio a parte. Sus protagonistas resultan tan ridículos como brillantes y el misterio no se resuelve hasta el último capítulo (como debe de ser).

Es una ocasión perfecta para volver a la novela negra, eso sí, con mucho más sentido del humor del que recuerdo que tuviera.

Pd. No quiero ser la única que deje de comentar lo maravilloso que es leer un libro hermosamente editado… ¡Estupendo por dentro y por fuera!

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