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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
E. F. Benson y la relamida y divertida burguesía rural inglesa

No venimos hoy, ni de lejos, a descubrir nada nuevo. La novela de la que os queremos hablar no es que sea conocida es que tiene legiones de fans. Llegó incluso a inspirar una serie para la BBC.

Por ello, solo vamos a decir hoy que nos ha gustado y que nos sumamos a esa legión de seguidores. Bueno, el libro en cuestión es Reina Lucía, la primera entrega de la saga Mapp y Lucía, publicada recientemente en la editorial Impedimenta, aunque firmada por Edward Frederic Benson en 1920. Este autor, que formó junto a sus hermanos una auténtica estirpe de escritores, comenzó a publicar muy pronto y fue bastante prolífico. Por lo visto, a él le gustaba considerarse un escritor de relatos de terror, pero pasó a la fama por la saga antes referida.

Reina Lucía es una sátira british de la relamida burguesía social rural inglesa. La acción transcurre en un pueblecito llamado Riseholme. Un pintoresco lugar para cuyos habitantes “las horas de la mañana entre el desayuno y el almuerzo constituían el espacio de tiempo que dedicaban principalmente a espiarse unos a otros”. Deambulaban de tienda en tienda con el único objetivo de enterarse de las noticias frescas. Los vecinos de Riseholme llevan lo que podríamos definir como “una vida apacible” y desahogada; sin embargo, bajo esa apariencia de tranquilidad anidan conflictos y rivalidades surgidos por los motivos más frívolos.

Pero hablemos ya de la señora Lucas, a quien el narrador y algunos personajes llaman la Reina Lucía, debido a que es ella quien hace las mejores fiestas, quien mejor relacionada cree estar, quien se entera de todo lo que sucede en el pueblo… quien mejor mangonea, en definitiva. Es una mujer pretenciosa, pedante, que ha hecho del “mantener las apariencias” un credo y que, por supuesto, estima que merece sin duda ese trono social que ocupa. Sin embargo, su posición preponderante estará en peligro debido, fundamentalmente, a dos factores. El primero es la llegada de un “gurú” algo borrachuzo a la casa de su vecina, un hecho que desatará en el pueblo auténtico fervor por el yoga. El segundo factor lo constituye la irrupción de una bella cantante de ópera. El hecho de que esa mujer compre una casa en Riselhome revoluciona el “status quo” del pueblo, que parece obviar el reinado de Lucía. “Con la aparición de aquella otra estrella rutilante, todas las leyes de la gravedad y la atracción conocidas se habían alterado.” “Todos los males de la descentralización y el solapamiento de intereses” se pusieron de manifiesto. Esa situación tan peluda, como ven, podía traducirse, por ejemplo, en que las fiestas de Lucía no tuvieran garantizado un asombroso éxito. Terrible.

Reina Lucía es, en definitiva, una comedía social divertidísima, que tiene en los personajes que desfilan por Riseholme uno de sus mayores atractivos; amén de las situaciones descacharrante que el autor nos plantea y de la perplejidad de asistir a cómo un pueblo entero puede afanarse en las cosas más tontas.

Por Txani Rodríguez

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