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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
British

Que desde siempre al momento de agarrar una taza de té (a las cinco o a la hora que fuese) mi dedo meñique sufriera una erección involuntaria ya podía entenderse como un aviso de lo que estaba por venir: y es que últimamente estoy de un british... Terminé el invierno devorando con ansia La juguetería errante, con el que se inicia la recuperación del ciclo literario protagonizado por Gervase Fen.

Este profesor de Oxford y detective aficionado creado por Edmund Crispin protagonizó nueve novelas y dos colecciones de cuentos, una serie de la que el título que nos ocupa no es el primero pero a decir de los entendidos sí el mejor, y por tanto la obra maestra indiscutible de su autor. Se trata de una novela de intriga a la antigua usanza, con enigma de habitación cerrada incluido, pero mucho más humorística que los libros de Agatha Christie o los relatos de Poe. Una gozada de principio a fin, se adivine o no antes que sus protagonistas la identidad del asesino.
Un crítico del New York Sun llegó a decir de las novelas de Crispin que “no podrían ser más british ni aunque vinieran acompañadas de fish and chips”. Lo mismo valdría para muchos de los últimos cómics escritos por Alan Moore: con The League of Extraordinary Gentlemen el genio de Northampton se ha propuesto recuperar a modo de pastiche, sumando las influencias de Michael Moorcock y Philip José Farmer, algunos de los personajes de la cultura popular británica. En su última entrega, que arranca con el asesinato de una estrella de la música pop en la piscina de su mansión, el trío formado por Mina, Allan y Lando (esto es, la heroína del Drácula de Bram Stoker, el Quatermain de H. Rider Haggard y el Orlando de Virginia Woolf) intentarán detener a alguien a quien daban por muerto: Oliver Haddo (o, para entendernos, el ocultista Aleister Crowley); todo ello en el marco de una Inglaterra diacrónica donde todavía quedan vestigios de la invasión alienígena que nos contó H. G. Wells en uno de sus libros más famosos. De paso, el autor de Watchmen permite al dibujante Kevin O’Neill realizar un ejercicio de ilustración psicodélica muy apropiado para mostrar un Londres donde el amor y la yerba están en el aire. Eso sí: olvídense de la infausta adaptación cinematográfica con Sean Connery, porque aparte del título no tiene nada que ver con esto. Afortunadamente.
Y sin necesidad de recurrir a ninguna tradición previa más allá de la que denota intrínsecamente su humor genuinamente inglés, Jonathan Coe vuelve a deslumbrarme con su última novela: La espantosa intimidad de Maxwell Sim. A partir de la figura de un cincuentón perdedor abandonado por su familia que encuentra una posibilidad de escape en convertirse en vendedor de cepillos de dientes ecológicos, el autor de ¡Menudo reparto! (les recuerdo que aquella me pareció todavía mejor que esta, que ya es decir) ofrece un relato costumbrista y un punto satírico sobre las relaciones interpersonales, jalonado de genialidades como una historia de amor entre el protagonista y su GPS. Stephen Frears haría una gran película con este libro. En fin: les aconsejo que al llegar a casa se pongan las pantuflas, se preparen un té y un par de chocolatinas de menta, y lean cualquiera de estas obras atusándose el bigote o acariciando un gato. Lo que tengan más a mano, vaya.

Por FRANCISCO J. ORTIZ

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