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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Max y Moritz», de Wilhelm Busch

Uno tiene la sensación de que, a trancas y barrancas, contra los vientos de crisis seculares o coyunturales, frecuentemente a un ritmo excesivamente moroso y, en fin, con todas las limitaciones que se puedan concebir, se van finalmente cubriendo algunas de las ausencias más clamorosas de clásicos extranjeros todavía no traducidos al español. Al menos en literatura (para muestra, sirva el botón del Babelia, suplemento cultural de El País, dedicado a nuevas traducciones de clásicos, del pasado 17 de marzo).

En materia de cómic y novela grafica esta necesaria tarea de paliar algunas de las carencias más vergonzantes está injustificadamente retrasada. Afortunadamente, la publicación de este pequeño gran clásico que es Max y Moritz, Una historieta en siete travesuras, de Wilhelm Bush, editado por Impedimenta, representa tanto una alegría como un motivo de esperanza lectora en estos tiempos un tanto tenebrosos.

Max y Moritz (publicado originariamente en 1865) está considerado, de forma totalmente ajustada a la realidad, como un antecedente fundamental del cómic (y en particular, una inspiración obvia del influyente The Katzenjammer Kids de Rudolph Dirk, aparecido en 1897 en el New York Journal del magnate Randolph Hearst; ya saben, éste último el personaje del que se alimentó, con poco aderezo de ficción, Orson Welles para crear su Ciudadano Kane).

Aunque tuvo dificultades para ser publicado, pronto sería considerado como la pieza de ficción fundamental de literatura infantil del mundo germano parlante. En apenas siete pequeñas historias, correspondiente a siete deliciosas travesuras, dos personajes (dos traviesos definitivos) entrarían en el imaginario colectivo de los niños alemanes, suizos y austríacos.

¿Las vías de entrada en el Olimpo de la imaginación de pequeños (y adultos)? Fundamentalmente, dos. Primera entrada, un texto rimado de una eficacia insospechada. Aquí el trabajo sobresaliente de Víctor Canicio en las siempre difíciles tareas de la traducción merece especial elogio. Segundo anclaje, un dibujo insultantemente moderno, de trazo simple y dinamismo extremo, fruto de una pluma extremadamente dotada para la caricatura (¡Ay, ese siglo XIX, qué bueno que fue para la caricatura!). Combinados ambos elementos, obtenemos para nuestro disfrute una pequeña delicia a la que seguramente revisitaremos en múltiples, y gozosas, ocasiones. Todo ello aderezado, por cierto, con una edición de extremada calidad. Coincido con Sergio Vila-Sanjuán, entre otros muchos degustadores culturales, que Impedimenta está haciendo las mejores ediciones del momento en España. Este Max y Moritz confirma esta labor exquisita, que nos proporciona un auténtico, y ya perdonarán el tópico, festín para los sentidos.

Lo dicho, no permitan que los prejuicios (que si es una obra infantil, que si un texto rimado es una barrera, etc.) les alejen de este clásico de todos los tiempos (incluyendo, y muy especialmente, los nuestros).

Para saber más:

Se puede empezar por un vistazo al enlace editorial de Impedimenta, siempre muy rico en información:
http://impedimenta.es/libros.php/max-y-moritz

Muy interesante es, también, el perfil de Wilhelm Busch que ha preparado el Goethe-Institut:
http://www.goethe.de/kue/lit/prj/com/pck/ckb/esindex.htm

Finalmente, un bonito tráiler, para acabar de hacer boca:

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