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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Novelas en tres líneas», de Félix Fénéon

Novelas en tres líneas no son meros ejercicios de síntesis: en ellas, y gracias a la lucidez de su autor, brilla la ironía, el humor, la crítica social y una visión de la realidad que revela, sin paños calientes, la crueldad y el dolor que la vida puede ejercer sobre el hombre.

Hay una pregunta que es imposible contestar de una única manera: ¿para qué escribimos? Cada autor, y puede que hasta cada una de sus obras, constituye una respuesta diferente.

Hoy, hablamos de Félix Fénéon (1861-1944), un personaje realmente maravilloso cuya obra se opone a la idea de que escribimos para crear nuevos mundos o para escapar de nuestros límites. Para él, escribir es sacar a la realidad todo su jugo.

Con una plaza fija en el Ministerio de Guerra (plaza que más tarde perderá por su íntima relación con grupos anarquistas), Fénéon se puede dedicar libremente a lo que de verdad le gusta: la crítica literaria y la reseña de exposiciones. A esta actividad se entregará con pasión y lo hará bajo el siguiente imperativo: buscar lo nuevo, a los autores que estén dispuestos a innovar, a arriesgar, en lugar de seguir los pasos de lo que ya está hecho. Y esta búsqueda le permitirá conocer a los principales pintores postimpresionistas de París, participar en las tertulias de Mallarmé y agrupar bajo su labor como editor de la revista Revue Blanche a un equipo de colaboradores realmente extraordinarios: André Gide (al que, por cierto, él descubrió), Proust, Paul Claudel, Apollinaire, Debussy, que ejercía como crítico musical, Verhaeren, León Blum y un largo etcétera. Pero como suele ocurrir con el buen material, la revista no tenía todos los lectores que eran necesarios y su dueño se vio obligado a echar el cierre. A Fénéon le tocará buscarse la vida y terminará, estamos en 1906, llevando una columna en Le Matin, en la que, nutriéndose de las noticias de sucesos, redactará breves textos que serán novelas en miniaturas (y en más de una ocasión aforismos).

¿Cómo se mete una novela en tres líneas? La respuesta sólo se puede dar después de leer a Fénéon, el cual, con una destreza magistral, encadena los acontecimientos de una manera muy precisa para que en el menor espacio posible se capte todo lo que estos guardan. Pero Fénéon va más allá, pues sus novelas en tres líneas no son meros ejercicios de síntesis: en ellas, y gracias a la lucidez de su autor, brilla la ironía, el humor, en todas sus variantes, aunque en especial el negro, la crítica social y una visión de la realidad que revela, sin paños calientes, la crueldad y el dolor que la vida puede ejercer sobre el hombre. Ahora bien, y esta advertencia no es gratuita, estamos ante una obra que se debe leer con calma, saboreando cada una de sus piezas, porque si uno se pasa de velocidad la belleza de estas novelas se torna invisible.

Pero antes de cerrar esta reseña, me siento obligado a mencionar la magnífica edición que de Novelas en tres líneas ha preparado la editorial Impedimenta. Así da gusto. Una manera de hacer las cosas que nos recuerda el valor del libro: no es un mero soporte de información, es un Todo en el que fondo, forma y materia convergen hasta crear un objeto que bien puede denominarse como artístico.

Por Gonzalo Muñoz Barallobre

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