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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«El cristiano mágico», de Terry Southern

Terry Southern es uno de esos autores cuya vida resulta tan apasionante como cualquiera de sus obras. Un dato que puede dar la clave para los lectores de Efe Eme: es una de las caras de la portada del Sgt Pepper’s, concretamente cinco cabezas a la izquierda de Marilyn.

Nacido en Texas, los 60 le pillaron cuarentón, pero eso no impidió que fuera un referente de la contracultura y llevara adelante proyectos de indudable espíritu juvenil, macerados por la experiencia de la vida que había recorrido. Citarlos es impresionante: su amigo Peter Sellers –también lo fue de Camus o Kerouak- lo recomienda para colaborar en guiones como los de Easy Rider o Barbarella, convence a Kubrick de rodar La naranja mecánica, Tom Wolfe lo considera el padre del “nuevo periodismo”, estudió en la Sorbona, vivió fiestas con los Rolling Stones y cubrió su gira americana de 1972, de la que salió un libro que es pecado que aún no se haya editado. Y todo esto y más cosas que quedan en tintero siendo toxicómano y alcohólico. En octubre de 1995, se desplomó por las escaleras al ir a dar una clase en la Universidad de Columbia y murió. Como ven ustedes, ni el cine actual, ni el periodismo, ni seguramente la música serían hoy lo mismo si no hubiese existido Terry Souther.

El libro que comentamos es de 1959 y fue escrito en Ginebra, aunque el texto es de ambientación estadounidense hasta la médula de las palabras. Guy Grand es el último de los millonarios derrochadores, vive modestamente con un par de tías solteronas medio atacadas por esa locura tan anglosajona; pero fuera de casa se dedica a preparar bromas colectivas. El sistema es más o menos parecido en todas: compra alguna empresa de fuerte presencia en el mercado, conserva a los empleados pero los despoja de sus funciones, introduce su propio equipo y mediante campañas publicitarias alocadas pone en las tiendas productos que tienen efectos contrarios a los previstos. Por supuesto la broma le cuesta siempre dinerales en los sobornos posteriores Un solo ejemplo, para evitar hacer spoiler, desde sus laboratorios cosméticos hace llegar al público un desodorante para los momentos íntimos, con aromas que potencian la atracción; sin embargo, lleva incorporado un perfume de bomba fétida con efecto retardado.

Guy Grand es un personaje que cae simpático, aunque desde luego su diseño es superficial, nada de enredos psicológicos; ya desde el primer momento su gusto de viajar en trenes de largo recorrido con muchas paradas demuestran una especial tendencia a la placidez, a no darle a las cosas importancia. Cierto es que lo hace así para poder ensayar bromas con los vendedores de cada estación pero son bromas sin humillación. Sus dardos, al contrario, se dirigen a los que intentan aparentar, a la prepotencia. De aquí viene la simpatía, Guy Grand no es malvado, no es el júbilo de su ingeniosidad lo que le mueve, sino el placer de observar la estupidez humana. Destruir el mundo por medio de la risa también es subversivo.

Así pues, el tema de la obra no es tanto el poder del dinero sino la credulidad, como somos embaucados por fantasmas, por objetos que no tienen más entidad que el poder de manipulación de la palabra. Sobre la verdad y la mentira, pero con un envoltorio lleno de colorido y de efervescencia hasta llegar a la demoledora broma final. Nueva conexión beatle, la versión cinematográfica tiene como protagonista a Peter Sellers y Ringo Starr. Al fin y al cabo, Southern hace exactamente lo mismo que esos melenudos que surgieron en Inglaterra tres años después.

Por César Prieto Álvarez

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