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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Reseña: «La juguetería errante»

El género detectivesco, ya sea en su vertiente clásica o en la procedente de la fusión con la temática policíaca, ha sido un siempre un terreno muy prolífico, elogiado y víctima de numerosos remakes audiovisuales cuyo objetivo primordial era el de dar a conocer los extravagantes casos de personajes míticos como Sherlock Holmes, Miss Marple o Hércules Poirot a un público más desacostumbrado a sostener una novela.

¿Quién no ha visto algún episodio de la absolutamente fascinante Detective Conan o ha disfrutado con la camaleónica capacidad del Inspector Gadget para salir airoso de cualquier situación? Pues bien, ahora se suma a la lista el profesor de literatura Gervase Fen, protagonista de una larga serie de libros y algunas historias cortas que se escribieron entre los años 1944 y 1979. Fiel a la estética de los 50, rebosante del particular sentido del humor anglosajón y un caso que bien podría estar entre los archivos de Expediente X, La juguetería errante abre un interesante ciclo que personalmente espero continuar muy pronto.

Sinopsis

Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y en su lugar, lo que encontrará será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de la más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

Opinión

Me embarqué en la lectura de este libro con bastante expectación porque, entre otras cosas, hacía mucho tiempo que no leía una novela de misterio o que tuviera una trama mínimamente detectivesca. Por si fuera poco, La juguetería errante es la tercera parte de una serie de novelas protagonizadas por el mismo personaje, y mucho me temía que a pesar de las advertencias que me inducían a pensar lo contrario, pudiera haber detalles relacionados con otras historias que a un lector principiante seguramente le pasarían inadvertidas. Sin embargo, no es así. La juguetería errante, como su nombre muy bien indica, constituye un único caso que se plantea, se desarrolla y se resuelve en único libro, si bien es muy palpable que tanto Richard Cadogan, intento frustrado de poeta y detonante de una más que heterodoxa investigación, así como Gervase Fen, personaje a caballo entre Sherlock Holmes y el profesor Layton, ya se conocían antes de esta primera página.

“Miró desesperadamente a derecha y a izquierda. Una farmacia y una tienda de retales. Más allá, por la derecha, había una carnicería, una lechería y una papelería; y a la izquierda, un minorista de cereales, una sombrerería y otra farmacia. La juguetería había desaparecido.”

Una vez hechas las presentaciones, nos introducimos de lleno en el misterio de la juguetería desaparecida. Acompañados en todo momento por el cómico tándem Cadogan-Fen, asistimos a un intenso y a veces atolondrado tour por las calles de Oxford en busca de la más ínfima pista que pueda ayudar a resolver el caso que se nos propone. A medida que avanza la historia descubrimos que la mujer asesinada es la sobrina y única heredera de una extravagante anciana que fue víctima de un atropello. Como la mujer no vivió el tiempo suficiente como para recamar el dinero, los derechos de herencia se transfieren a una serie de individuos que la mujer rica conoció poco antes de morir, convirtiéndose en los principales sospechosos de un elaborado complot cuyo único objetivo era el de llenarse los bolsillos. Así pues, lo que ya de por sí parecía un misterio de lo más extraño, se complica hasta límites insospechados con la aparición de múltiples personajes nuevos y una jerga legal que, si bien no es demasiado intrincada, pudiera llegar a convertirse en una distracción.
Los personajes de la novela son una gran baza en su favor. La prudencia exagerada de Richard Cadogan y la absoluta falta de reparo mostrada por el profesor Fen a la hora de saltarse las normas contrastan de forma hilarante, un ejemplo perfecto de ese característico humor británico que destilan todas y cada una de las páginas de La juguetería errante. Con un estilo elegantemente elaborado, un vocabulario nutrido y sin perder en ningún momento el dinamismo del que hace gala desde el primer capítulo, Edmund Crispin nos conduce deliciosamente por un terreno que cada vez se va volviendo más pantanoso. La historia contiene varios giros argumentales, en su mayoría narrados con gran impacto, y llega un momento en el que se pierde por completo el perfil de sospechoso principal que tanto gusta en la novela policíaca. Da la sensación de que Crispin ha querido mantener guardado el mejor secreto (el de la culpabilidad) demasiado tiempo, un hecho que no deslustra el resultado final pero que a mi entender, resta credibilidad a una novela que ha estado tan bien conducida durante casi todo su transcurso.

“Bueno, creo que es mejor que vaya a la policía -dijo Cadogan-. Si hay algo que detesto en el mundo es esas novelas en las que los personajes no van a la policía cuando no tienen ninguna maldita razón para no hacerlo.”

Otro de los rasgos que más me han llamado la atención de La juguetería errante es la facilidad que tiene Crispin para reírse de sí mismo y satirizar los tópicos más presentes en el género detectivesco, como muestra la cita mencionada anteriormente. El libro además contiene gran cantidad de referencias literarias, mitológicas o históricas, evidenciando el gran intelecto y el saber hacer de un buen escritor como es Crispin. En definitiva, la primera aventura de Gervase Fen y compañía me ha resultado una novela fresca, entretenida, divertida, sorprendente y estoy deseando que Impedimenta se de prisa en dar continuidad a esta saga porque estoy ansioso por conocer (y dar a conocer) los próximos casos de un investigador tan carismático y poco profesional.

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