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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Tonterías las justas

La narrativa de entretenimiento ha adquirido un supuesto prestigio que ya muchos no distinguen la literatura con mayúscula de las historias triviales. Algo parecido ocurría hace 150 años, cuando George Eliot publicó este opúsculo en 1956, antes de publicar su primera obra, «Escenas de la vida clerical».

La narradora tenía clara su intención de ocultar el nombre: «En el siglo XIX las mujeres firmaban sus obras sin el menor problema, pero lo que Mary Ann Evans pretendía con su “nombre-tapadera” era huir del estereotipo de las escritoras de sus tiempos, que solo le parecían capaces de producir tontorronas novelas románticas». Estas palabras de la traductora Gabriela Bustelo nos introducen en un texto genial, que podría servir para la burla actual de lo que Eliot llama el «género de las Novelas Tontas Escritas por Mujeres»; un género que «tiene muchas subespecies que, según la calidad concreta de la tontería que predomine en ellas, pueden ser superficiales, prosaicas, beatas o pedantes».

La autora clasifica obras con mordacidad: los relatos con moralina o «género oracular», el género de «artimaña y confección» –con infancias idílicas, amantes varoniles y finales con bodas felices– o el «género antiguo remozado», cuya recreación de la vida lleva a una «fatuidad soporífera»; obras con heroínas de grandes virtudes que sufren crueldades y que son tan patéticas como olvidables.

Por Toni Montesinos

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