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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Una fábula agridulce para cerrar una imprescindible trilogía

Cuando Natsume Sōseki escribió La Puerta en 1910 era, sin duda, el novelista más famoso de Japón. Sin embargo, no era lo que se dice –como nos recuerda Enrique Redel al presentarnos esta novedad de Impedimenta- un hombre feliz. Aquejado de una úlcera gastroduodenal –que terminaría a la postre con su vida pocos años más tarde- y de una neurosis galopante, la comicidad de sus primeros libros (como Soy un gato o Botchan) se había ido oscureciendo poco a poco, dando paso, como se aprecia aquí, a novelas mucho más angustiadas.

Dotada de un profundo simbolismo y considerada por la crítica como una de las obras literarias más profundas de la edad moderna en Japón, esta fábula agridulce sobre los pecados de juventud y los sinsabores de la vida matrimonial, constituye la última parte de la trilogía inaugurada con Sanshiro y Daisuke. La puerta nos cuenta la historia de Sōsuke, un humilde oficinista tokiota de mediana edad que comparte su vida con su esposa Oyone, en el anonimato de una casa situada en la base de un barranco. La pareja, cuyo temprano matrimonio fue celebrado casi de modo clandestino, se ve abocada a aceptar bajo su techo a Koroku, el hermano menor de Sōsuke, que se convierte en una fuente de conflictos. A la vez, la salud de Oyone se resiente y llega la noticia de la inesperada visita de un fantasma del pasado. Sobre la pareja se cierne entonces un periodo de crisis, y Sōsuke se ve obligado a abandonar de manera temporal la tranquilidad de su vida doméstica para retirarse a un monasterio zen y allí meditar sobre su destino.

Con la publicación de esta obra “adictiva, hermosísima y profundamente japonesa” Impedimenta continúa manteniéndose fiel a su compromiso por difundir el legado de uno de los grandes narradores asiáticos del siglo XX. Hasta catorce novelas –algunas de ellas ya publicadas por este sello, incluyendo la que le catapultaría al éxito: Botchan- escribió quien, nacido como Natsume Kinnosuke, iniciara su trayectoria literaria componiendo haikus. En aquellos tiempos de estudiante, sería precisamente cuando adoptara el seudónimo literario por el que se hará mundialmente célebre, Sōseki, que en chino significa “terco”.

Por José María Matás Moreno

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