cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La juguetería errante», de Edmund Crispin

Acaba de publicar la editorial Impedimenta El canto del cisne, la segunda novela protagonizada por el excéntrico detective Gervasio Fen. Recupero una reseña que escribí sobre la primera novela publicada, La juguetería errante.

La literatura inglesa del siglo XX no sólo ha producido excelentes autores de novelas policiacas –Chesterton, Anthony Berkeley y Dorothy Sayers, por ejemplo- sino que también han salido de sus filas las mejores parodias del género. La juguetería errante, de Edmund Crispin, es una de ellas, muy original, entretenida y de excelente calidad literaria.

Bruce Montgomery (Edmund Crispin fue su seudónimo literario) nació en 1921 y murió de un ataque al corazón en 1978. Licenciado en Lenguas Modernas en Oxford, sus escritos literarios se reducen al género policiaco. Escribió nueve novelas y dos colecciones de relatos en la década de los 40, todas protagonizadas por Gervasio Fen, profesor de literatura inglesa en el ficticio St. Christopher’s College de Oxford, un detective aficionado que es también un excéntrico personaje.

Las contundentes y divertidas opiniones literarias que va desparramando Gervasio Fen a lo largo de las tramas en las que se ve envuelto, la fama que tiene en Oxford de profesor especial, sus alocadas ocurrencias y divagaciones policiacas y la capacidad que tiene de embaucar a un buen número de personajes para que le echen una mano en la resolución del caso son lo mejor de unas novelas disparatadas que contienen, además, con brillantes diálogos, una inteligente parodia de las novelas policiacas, al burlarse de los métodos, los tópicos y las aventuras protagonizadas por otros detectives famosos.

También sobresale el tono libresco que Crispin añade a la narración con continuas referencias, citas, personajes literarios que demuestran su abrumadora cultura y memoria de Gervasio Fen, aunque muchas veces las citas las recuerde de manera equivocada, o las adapte con calzador a la situación que está viviendo. Sin embargo, este mundo libresco añade a sus novelas un tono irónico y erudito que se acaba convirtiendo en una de las principales notas distintivas de este extravagante profesor. Que esta primera novela transcurra en Oxford dota también a sus argumento de un ambiente deliberadamente british.

La juguetería errante, publicada en 1946, es la primera novela que Impedimenta publica de esta saga, de la que ya se anuncia que tendrá continuación. La novela explica bastante bien la calidad de estas novelas policiacas y el acierto en la creación del personaje de Gervasio Fen, motor de las aventuras. En este caso, la acción de la novela transcurre en Oxford, a donde se traslada el poeta Richard Cadogan para descansar de la vida sedentaria que lleva en Londres y ávido de nuevas aventuras. La misma noche que llega a Oxford, tras un accidentado viaje, se encuentra en una zona apartada con una sospechosa tienda de juguetes. Sin saber por qué, Cadogan entra en la tienda, que se encontraba abierta, y en una de las habitaciones se encuentra con una mujer muerta. Poco después, recibe un fuerte golpe en la cabeza y es encerrado en un almacén del que consigue escaparse horas después. Al día siguiente, acude a denunciar los hechos a la policía pero al llegar al lugar se encuentra que la tienda de juguetes y la mujer muerta han desaparecido. La policía desconfía de él y el posible caso parece más bien fruto de su calenturienta imaginación.

Cadogan visita a su amigo el profesor Gervasio Fen y le cuenta lo que le ha pasado. Fen y él inician una investigación que pronto les pone en el disparadero de un misterioso caso que tiene que ver con un esperpéntico testamento, una anciana millonaria muerta y una mujer asesinada. En juego, miles de libras que alimentan los peores instintos de un grupo de tranquilos personajes, ninguno de ellos con la apariencia de asesinos en potencia. Fen, Cadogan y un estrafalario grupo de personajes, a espaldas de la policía, que les sigue los talones, empleando métodos no del todo lícitos, se ven envueltos en una peligrosa, alocada y entretenida persecución por Oxford para dar con el asesino.

Por Adolfo Torrecilla

Scroll Up