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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
El libro de los sueños

Los lectores españoles que habían descubierto con El ruletista a Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) están de enhorabuena. La misma editorial publica ahora Nostalgia, la obra que lo consagró como uno de los más importantes escritores rumanos del momento y que incorpora aquel título junto con otras piezas de mayor extensión.

Se trata en total de cinco relatos (o novelas cortas) independientes que comparten no obstante una misma urdimbre fantástica y onírica que hace de Cărtărescu un digno heredero de autores como Kafka, Borges o Cortázar. «El ruletista» es precisamente el primero y narra la historia de un hombre perseguido por la mala fortuna que se convierte, sin embargo, en un campeón de la ruleta rusa. «El Mendébil» es una especie de evangelio apócrifo: el auge y caída de un mesías infantil en el escenario de un barrio popular de Bucarest. En «Los gemelos», las identidades de un muchacho y su esquiva novia acaban fundiéndose en una suerte de transexualización metafísica del primero. «rem», tal vez el plato fuerte del conjunto, es una fábula sobre la capacidad de soñar y una revisión del Aleph borgiano. Por último, «El arquitecto» recrea un nuevo Big Bang cósmico partiendo de la grotesca peripecia de un músico aficionado. Todas las historias de Cărtărescu presentan situaciones y personajes cotidianos que, poco a poco, van deslizándose desde el inicial planteamiento realista a una espiral de magia y alucinación. La misma capital rumana que sirve de escenario común se eleva a la categoría de ciudad encantada, con una fisonomía inquietante y laberíntica, ominosa y kafkiana. No casualmente, la idea de la metamorfosis está presente en varios de los relatos: en «Los gemelos », por supuesto, y de manera central en «El arquitecto», donde adquiere dimensiones apocalípticas. El sueño, como espacio paralelo, como alternativa a la realidad que la explica y completa, sería el segundo gran concepto de la narrativa de Cărtărescu, de manera señalada —y ya desde el mismo título— en «rem», metáfora a su vez de la propia escritura. Ésta, la reflexión autorreferencial sobre la creación literaria, constituye la tercera clave y recorre todo el libro hasta el punto culminante en que la protagonista de «rem» accede al interior del propio rem para encontrarse al autor sentado ante la máquina de escribir, tecleando la historia que estamos leyendo. Paradójicamente, la escritura se presenta como una negación que a la vez aspira a la totalidad: «Sueño sin cesar con un creador que, a través de su arte, llegue a influir de verdad en la vida de las personas, de todas las personas, y después en la vida del universo […]. Y que a continuación sustituya al universo, que se convierta él mismo en el Mundo». Este plan de otro personaje de «rem», el deforme y oracular Egor Bach, se cumple plenamente en «El arquitecto». Resulta difícil sustraerse al poético influjo de los relatos de Cărtărescu una vez que se ha entrado en ellos. Su prosa es arrolladora, hipnótica; los ángulos de visión, múltiples, como en una sala de espejos. Heredero de las más plurales tradiciones del realismo mágico y la literatura fantástica (aquí están García Márquez y Bioy, pero también Lewis Carrol y los cuentos de hadas), el autor rumano logra consolidar, desde una radical honestidad creativa, un mundo propio, un entramado fictivo lleno de inacabables resonancias pero plenamente personal.

Por JOSÉ LUIS PIQUERO

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