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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Las batallas perdidas», de Eudora Welty

La época: verano, en la década de 1930. El lugar: la vieja casa de la familia Beecham, cerca de la comunidad de Banner, una pequeña localidad del estado de Mississippi.

El evento principal, una reunión familiar en el 90 cumpleaños de la abuela Vaughn. Asisten sus hijos, sus nietos, las esposas de sus nietos, sus bisnietos y muchas gentes de la comunidad de Banner y de otras partes del país de las colinas. Noah Webster Beecham, tío de Jack Renfro, el invitado de honor y nieto preferido de la abuela Vaughn, le dice a Gloria, esposa de Jack: “Esto es una historia de todos nosotros que nunca podrás olvidar….”

Maridos, esposas, solteronas, viudas y niños se reúnen en el porche cuando cae la noche y empieza el recuento de “las batallas perdidas”: ¿Cómo lograron sacar y traer a Jack Renfro a salvo desde la penitenciaria? ¿Cómo obligaron a Oscar Moody el juez de Ludlow que le había sentenciado, a sentarse a su mesa junto con su esposa y pasar una noche con la familia? Alguien cuenta la historia del abuelo de Jack, que una noche huyó de su casa y se ahogó en el río Bywy. (¿Por qué? “Una cuestión profunda”, “Una historia perdida en el tiempo”, responden varias voces) Granny Vaughn aborda a su marido muerto y a su nieto como si estuvieran presentes en la reunión; desde lejos vemos el fulgor de la luz del porche y a la abuela Vaughn sentada en su mecedora mientras sostiene a su bisnieta Lady May, que intenta obtener sin conseguirlo un beso. La anciana ha pedido esta reunión para que todos recuerden. Y siempre hay alguien que está hablando porque el silencio es sospechoso: implica secreto, culpa, orgullo, un rechazo de la comunión, una afirmación de la individualidad fuera de la familia.

En Las batallas perdidas, Eudora Welty nos presenta una superficie de falsa objetividad, una burla de la simplicidad en un relato casi totalmente dramático. La narrativa ofrece, con algunas excepciones importantes, diálogo puro, evento externo; no hay ninguna voz narrativa, y con excepción de un breve pasaje hacia el final de la novela, cuando se nos permite entrar en la mente de Vaughn, hermano de Jack, nos niega las reflexiones de cualquiera de los personajes. Es un experimento radical y atrevido en una novela relativamente larga; es plausible y funciona principalmente porque el mundo que se presenta aquí es un mundo prácticamente en silencio. Todos los personajes participan y reflejan el misterio de amor y las relaciones, sin una sensación de tensión o invención.

Pero determinados análisis de los conflictos de los personajes no deben dar una impresión de la novela demasiado sombría: el efecto cómico y la lírica están presentes en el original, aunque es difícilmente detectable en su traducción, ímprobo trabajo de Miguel Martínez-Lage, debido no sólo al idioma, sino también al posible desconocimiento del lector español del ambiente y la cultura de este rincón del Sur de los Estados Unidos durante la Gran Depresión. Un mundo que sí resultará familiar a quienes hayan leído algunas otras obras de la autora como El corazón de los Ponder (1954) o Boda en el Delta (1946), posiblemente la más conocida en España, aunque fue con La hija del optimista (1973) con la que obtuvo el Premio Pulitzer. Maestra del relato corto, publicó en 1936 Muerte de un viajante, un cuento que, aparte del título, no tiene nada que ver con la obra teatral de Arthur Miller, (al menos yo no he encontrado ninguna referencia), y aparecieron muchos otros en revistas como “The New Yorker” o Harpers Bazaar. En 1992 fue galardonada con el Rea Award for the Short Story, como premio a toda su carrera, y en 1970 fue finalista del National Book Award con Las Batallas perdidas (Loosing Battles).

Eudora Welty, nació en Jackson, Mississipi, en 1909 y murió en esa misma ciudad a los 92 años. Estudió en la Universidad para Mujeres de Mississippi y en los años 30 trabajó como fotógrafa para la Agencia Estatal de Administración laboral. Aunque su obra se suele unir a la de Faulkner, McCullers o Tennesse Williams, lo único en común con estos escritores es que tratan sobre historias del “profundo sur” de los Estados Unidos, pero Eudora trasmite a través de sus relatos un universo propio, a menudo difícil de comprender pero en el que una vez se logra penetrar vale la pena.

Durante las cien primeras páginas de Las Batallas Perdidas hay que echar mano del marcador que sabiamente IMPEDIMENTA ha diseñado con una relación de todos los personajes que charlan sin parar en el libro y su grado de parentesco, si queremos hacernos una idea de quién está hablando. Logrado esto podremos disfrutar del paisaje y de los avatares de la familia de Elvira Jordan Vaughn: Nathan Beecham, su hermana Beulah, casada con Ralph Renfro, sus hijos Ella May, Etoyle, Elvie, Vaughn y Jack Renfro, casado con Gloria, Lady May su hija de catorce meses y un sinfín de personajes…

“A lo lejos se había disipado del todo la bruma debida al calor reinante pero el pasadizo estaba tan luminoso como el ojo de una aguja. Al otro extremo, el cielo….La casa no era sino lo que parecía, un conjunto formado por dos edificios en uno…. Los porches recorrían toda la anchura de la casa. Por delante y por detrás, y al socaire del alero los seis esbeltos porches del frontero se hallaban espaciados cada metro y medio, calculado al ojo de un muy buen cubero….. Las hechuras de la casa nunca se habían ocultado al aire del Mississippi. Que en este primer domingo de agosto, y a esta hora, aún era suave como la leche.”

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