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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Virginia Wolf: del cómic de su vida a su primera novela modernista

La habitación de Jacob (1922), tercera de las novelas de Virginia Woolf (1882-1941), figura en todas las noticias sobre su vida y su obra como la narración bisagra con la que dejó atrás el realismo para sumergirse en el modernismo, que viene a ser el nombre que las vanguardias históricas adquirieron en la literatura anglosajona.

No en vano, aunque no esté a su altura, La habitación… comparte año de edición con bagatelas como Ulises o La tierra baldía.

La ambigüedad es el concepto que preside la novela. Ambigüedad derivada de la utilización de múltiples puntos de vista ajenos para contar la vida de Jacob –desde su infancia hasta su muerte en la I Guerra Mundial–, ya que la perspectiva del protagonista se reserva en exclusiva a algunos pasajes viajeros por Italia y Grecia. El resultado es que Jacob aparece en buena medida como un vacío, como una ausencia elegiaca delimitada por las palabras de los otros. Todo un clásico, ausente desde hace dos décadas de las librerías españolas, que junto a la deslumbrante m, de Juan Vilá, le sirve a la editorial Piel de Zapa para hacer su prometedora presentación en sociedad.

Quienes pretendan conocer de un modo sencillo, riguroso y bello los principales ejes entorno a los que giró la vida de Woolf tienen en las librerías un cómic que les resolverá la vida. Dibujado por Bernard Ciccolini sobre guión de Michèle Gazier, el volumen inaugura la colección «El chico amarillo»de la editorial Impedimenta y pretende ampliar la imagen común de la portentosa escritora, cuya vida ha quedado resumida para tantos en un suicidio en las aguas del río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. La bulliciosa infancia de una niña glotona que reía, jugaba y ¡ay! sufría abusos de un hermano da paso a una juventud marcada por las intensas idas y venidas del grupo de Bloomsbury, el matrimonio, los amores lésbicos y las infructuosas tentativas de escribir novelas, antes de deslizarse por la pendiente de una madurez depresiva asediada por insoportables migrañas.

Por Eugenio Fuentes

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