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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«El país imaginado», de Eduardo Berti

La historia nos sitúa en China a principios del siglo XX. La protagonista del relato es una joven de trece años que vive junto a su familia en un mundo donde la vida y la muerte se dan la mano.

Tras una larga agonía su abuela ha fallecido recientemente y en la casa todos deben honrar su memoria y procurar que su alma encuentre el camino correcto de forma que no quede anclada al mundo de los vivos. Su padre es un hombre conservador que respeta a rajatabla las tradiciones, los cultos y las supersticiones y a la vez que la familia cumple con los ritos mortuorios espera el momento en que se establezcan ventajosos compromisos nupciales para sus dos hijos.

Mientras esto ocurre, la pequeña conoce a Xiaomei, la hija de un vendedor de pájaros que pone su mundo del revés. Xiaomei es un muchacha libre y distinta, muy hermosa y con quien nuestra protagonista crea un vinculo basado tanto en la admiración como en la dependencia. Entre las muchachas surge una relación muy especial. Cada día se ven en el mismo parque y a través de sus conversaciones descubrirán que a pesar de todo el destino está indiscutiblemente marcado.


“Recuerdo que, pocos días antes de la muerte de mi abuela, tuve con ella la última charla profunda, la última charla antes de que la doblegaran los dolores, los cansancios y los desvaríos de la enfermedad.

Mi abuela susurró esa tarde, estando a solas ella y yo, que al fin se sentía predispuesta a emprender el viaje al país imaginado.

Ese país era, desde luego, la muerte. El último de una serie de países imaginados; el país que nunca dejamos de imaginar porque no tenemos de él ninguna imagen real”

Hoy os traigo una novela muy especial que ha sido merecidamente galardonada con el Premio Las Américas de Novela 2012 y el premio Emecé de novela en 2011.

La primera sensación positiva que este libro trasmite es a través de la vista. Cada vez tengo más claro que Impedimenta es una editorial que cuida al máximo tanto sus publicaciones como el formato en el que llegan al lector. Sus ediciones son sencillas pero muy atractivas, en cartón con sobrecubierta y unas páginas muy suaves. Un libro no sólo crea sensaciones en el lector a través de su historia sino a través de la vista, el olfato y el tacto. Este libro tiene una de esas portadas preciosas que capta tu atención inmediatamente. Inspirada en un cartel publicitario nos muestra la imagen de dos jóvenes chinas e inmediatamente invita a su lectura.

El país imaginado es una novela para recrearse en las palabras, para disfrutar con ellas, para comprender a sus personajes y no solo escuchar lo que dicen sino intuir lo que no dicen. En cualquier historia de amor, las palabras sobran y hay multitud de sentimientos que no se pueden transmitir de forma oral, que flotan en el aire y que solo se perciben a través de otros sentidos.

Quizás un lector ávido de acción y aventuras no encuentre en este libro el entreteniendo que busca pero para el lector que busca sentimientos, magia y que otorga mayor importancia a los personajes que a la historia en sí, creo que es el libro perfecto. Su carácter intimista hace que nos sintamos muy cerca de sus personajes.

La historia nos lleva a conocer a la protagonista y a la vez narradora de la novela. Una muchacha de quien no llegaremos a conocer el nombre (y que erróneamente llamaremos Ling) pero que página tras página se convierte en un personaje inolvidable.

La pequeña de 13 años junto a su familia vive el duelo ocasionado por el reciente fallecimiento de su abuela. Una mujer con quien mantenía en vida un vínculo especial y esencial y que seguirá poblando sus sueños una vez muerta. La anciana se proclamará como una especie de guía espiritual que marcará el camino a seguir para la joven.

Como ordena la tradición, la familia sigue a rajatabla todos los ritos ancestrales que ayudan a que el alma de los muertos no ronde a los vivos y que encuentre su camino. Gracias a un pájaro de la abuela que la pequeña debe llevar al parque, tiene la ocasión de estrechar un vínculo de amistad con Xiaomei, una joven que despierta en ella muchos sentimientos pero sobre todo admiración. La protagonista ve en ella una joven tan perfecta y hermosa que piensa que es la esposa adecuada para su hermano y no tarda mucho en copiar su estilo. Los sentimientos de la protagonista son puros y profundos pero la joven no es capaz de ponerle un nombre que identifique todo eso que siente ¿Qué hay detrás de esa veneración? ¿Es simplemente amistad o quizás algo más? Ling solo sabe que siente un amor incondicional por su amiga. Y ese amor causa un cambio perceptible en ella que todo el mundo parece notar a pesar de sus esfuerzos por disimular.

La historia está narrada en primera persona a través de su protagonista con una prosa exquisita, elegante y delicada. Berti es capaz de crear un mundo mágico alrededor de los personajes, donde la realidad y ficción se dan la mano, donde no se entiende la vida sin la muerte y donde el amor es capaz de cambiar a una persona. Esta novela bien puede ser una historia de amor o amistad porque su autor no pierde en tiempo en catalogar. Nos propone un relato y deja el margen suficiente para que cada uno de nosotros podamos interpretar la historia a nuestra manera. Es un relato cargado de sutilezas, donde no hay nada obvio.

Los capítulos narrados en primera persona por la protagonista que recrean la China del momento se intercalan con capítulos muy breves en que la abuela relata como ayuda a Ling a encontrar su camino a través de los sueños. Este detalle dota a la novela de cierta magia e irrealidad de forma que hace que nos movamos entre dos mundos, el real y el imaginado.

La historia se desarrolla en China sobre los años 30. Una época en la que las tradiciones siguen vigentes en la mente de los adultos pero que comienzan a desmoronarse con la llegada de la siguiente generación. Su autor ha sido capaz de recrear la sociedad con mucha claridad prescindiendo de largas descripciones .Nos muestra una sociedad machista y patriarcal donde las mujeres tienen una escasa participación en la toma de decisiones, donde los matrimonios son concertados (y convenientes para la familia), donde es posible celebrar bodas fantasmas (donde uno de los novios ya no habitaba el mundo de los vivos) y donde las mujeres se ven obligadas a utilizar un lenguaje secreto para comunicarse porque los hombres no les permitían aprender a escribir (nu-shu). Pero también una sociedad en la que se incorporan a la vida diaria el cine o el automóvil, nuevos inventos que cambian la vida de la sociedad. Todo un mundo de contrastes.

Ya os he dicho alguna vez que soy una entusiasta de la literatura oriental y que me fascinan las novelas ambientadas en estos contextos. Pero a la vez me parece muy difícil recrear este mundo sin caer en los clichés y las novelas escritas por autores occidentales tienen un sabor distinto a las escritas por autores que han vivido esta cultura. Pero en esta ocasión Berti ha dotado a su novela de todos los elementos que esta necesita para imprimir ese encanto y esa visión del mundo oriental que sabe ahondar en las profundidades del alma y que siempre apuesta por la belleza aunque quizá de forma más cruda y no tan evidente.

Conclusión

El país imaginado es una historia deliciosa que emana ternura e inocencia. Una novela que una no de desea abandonar nunca. Llena de magia, tradición, cultura, de sutilezas y detalles exquisitos. Pero también dotada de una dosis de realidad y de amargas decepciones.

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