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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
LITER-a-TULIA entrevista al escritor rumano Mircea Cartarescu

Mircea Cărtărescu es el escritor rumano de cuyo relato El Ruletista nos ocuparemos en nuestra próxima tertulia. Nacido en Bucarest en Junio de 1956, es considerado uno de los más relevantes poetas y autores literarios de la Rumanía actual, siendo sus obras traducidas a la gran totalidad de los idiomas europeos.

Estudió Lengua y Literatura Rumana en la Universidad de Bucarest. Realizó una tesis sobre el Posmodernismo rumano. Entre sus obras cabe citar: Aire con diamantes; Poeme de amor; Luces, escaparates, fotografías; Nostalgia; y la trilogía Orbitora dreaptă –El ala derecha.

El pasado miércoles 28 de Febrero de 2013, con ocasión de su presencia en Madrid para presentar su libro Nostalgia, tuvimos el inmenso privilegio de que el autor rumano encontrase un poco de tiempo para dedicarlo a Liter-a-tulia y concedernos una pequeña entrevista en la que se mostró muy receptivo y afable.

En los preliminares de la entrevista Mircea Cărtărescu hizo referencia a su relación temprana e intensa con la literatura. En ella habría encontrado un modo esencial de indagación en su propio ser a través del tránsito por diversos estratos, por diversos niveles de su inconsciente.

También pudimos hablar de dos escritores rumanos que, de una u otra forma, tienen una relación con Liter-a-tulia: Ion Vianu y Matei Calinescu. Del primero tenemos publicada, en nuestro blog, una entrevista que le realizó nuestro compañero Gustavo Dessal, situada en el apartado 3. Escritores. Ion Vianu. Del segundo autor, Matei Calinescu, fallecido en el año 2009, Mircea Cărtărescu nos habló de forma entusiasta. También Gustavo Dessal hizo una presentación de su último libro Retrato de M. en El matadero, centro de creación contemporáneo del ayuntamiento de Madrid.

A continuación transcribimos el resultado de la entrevista con Mircea Cărtărescu. Sus respuestas en rumano fueron traducidas por Marian Ochoa de Eribe Urdingio que, a la vez, es prologuista de Nostalgia.

Liter-a-tulia: En la lectura de su obra se siente la materialidad de su palabra, de su literatura, es decir, ella pesa en el cuerpo del lector. Borges decía que a la larga todo es materia para el arte, sobre todo la desdicha, pues la felicidad ya tiene un fin en sí mismo, hecho por el cual no habría poetas de la felicidad. En este sentido, su literatura nos proyecta hacia una relación radical con el sinsentido de la vida. ¿Es ese uno de los nombres que toma la desdicha en su obra?

Mircea Cărtărescu: La situación de estrés existencial, o eso que llamamos infelicidad general, ha sido siempre una condición para el Arte elevado, el Arte con mayúsculas. Y es natural que sea así porque escribimos para rellenar un vacío doloroso. No puede existir Arte sin una herida interior, sin el trauma clásico sobre el que habla el psicoanálisis. Escribimos para poseer, para suturar esta herida inicial. Quiero decir que yo escribo a mano, y esta forma de escribir a mano mantiene una relación esencial con el hilo que parte de esa herida.

L: Yendo al relato que hoy nos ocupa, El Ruletista pone en tensión la soledad y la escritura. Escribir sería una forma de tramitar, de gestionar algún tipo de vacío, incluso, como se ve de manera patente en sus páginas finales, una manera de encarar la propia muerte, de enfrentar el hecho imposible de no tener un mañana, como rezan los versos de Eliot. ¿Desde esa posición, cómo piensa su apuesta literaria por un personaje aparentemente más poderoso que el azar?

M.C: La idea de este relato es una historia muy lineal y con un sentido filosófico metafísico. La idea es que la literatura es una forma de inmortalidad. No es una idea nueva, muchos autores la han manifestado antes. Quizá uno de los que mejor lo haya hecho es el poeta John Keats, que tiene una famosa poesía titulada Oda a una urna griega en la que plantea que, aunque el pastorcillo y la pastorcilla que están dibujados en el jarrón no se van a besar nunca, a pesar de eso no van a morir, van a vivir eternamente.

He unido esta idea a la idea de que la mente humana es el único instrumento que nos permite contemplar el infinito. Y no por el pensamiento propiamente dicho, sino a través de su estructura matemática. Existen modalidades en las matemáticas de contemplar el infinito, una de ellas es la progresión aritmética. Es conocido el problema del ajedrez cuando el inventor le pidió al rey que le entregara un grano de cereal por la primera casilla, dos por la segunda, el doble por la tercera, y así sucesivamente. El resultado final es prácticamente el infinito. A mí me fascinan este tipo de historias, e intenté crear una yo mismo a partir de la idea de la ruleta rusa. Me planteé qué pasaría si la persona que practica este juego loco introdujera, cada vez, una bala en el cargador. Sus posibilidades se reducen drásticamente, caen a la mitad si introduce una bala, pero si introduce una más, las posibilidades de sobrevivir caen de manera catastrófica. Pero si todavía introducimos la cuarta y la quinta, las posibilidades son prácticamente inexistentes. Pero el enfrentamiento radical con el infinito es la introducción de las seis balas, porque en ese momento cualquier posibilidad está destruida. Entonces, la idea que viene a la cabeza es que vives en una historia, en un relato, y el personaje se da cuenta de que es un personaje.

L: El narrador del ruletista está arrojado a un mundo sin fundamentos, abandonado a su soledad y al sinsentido, pero dice escribir en un momento último de lucidez, una vez despojado de su vestimenta de impostura. Pienso ahora en el mundo actual, y particularmente, en su morador, ese sujeto alienado a tantas “verdades” falaces. Le preguntamos si esa desposesión lúcida del narrador no podría tomarse más como una posibilidad de liberación para el sujeto actual, que como una melancólica clausura ante el sinsentido. Quizá el problema del narrador es que su lucidez apareció de forma tardía, lo cual también puede ser un peligro que se cierne sobre el mundo actual.

M.C: Hay una idea central en la filosofía post moderna, por ejemplo Gianni Vattimo. Ha construido toda su filosofía en torno a la idea de que la nada es una oportunidad para el hombre. Desde el momento en que el individuo se hace consciente de esta realidad, de que su destino es una fabulación, una invención, comienza inmediatamente a sentirse libre. Considero que las cosas son mucho más complicadas de como se las imagina la filosofía posmoderna. Considero que el hombre es productor de sentido, que fuera de él no hay sentido. De tal manera, yo me alejo de la filosofía posmoderna en la cuestión de los valores. Creo en un fundamento del mundo y del yo, y en valores morales difícilmente refutables.

L: “Credo quia absurdum”. ¿Qué tiene que ver su relato de El ruletista con los ideales? ¿Qué tiene que ver con la fe? ¿Ambos se han derrumbado en el mundo de El ruletista?

M.C: Desde Nietzsche hasta nuestros días vemos que nuestro mundo es un mundo sin fundamentos. Es sobre esta línea de pensamiento que se ha construido, de forma paradójica, líneas de pensamiento completamente opuestas. Algunos la han llevado al totalitarismo nazi, considerando que si el hombre era libre podría hacer cualquier cosa porque se había convertido en un súper hombre. Y la línea posmoderna que cree en la democracia y considera que el hombre, al liberarse de los prejuicios de orden humanista, deviene libre en un sentido positivo, de manera que ya no se ve sometido a las quimeras o a las pesadillas que él mismo había creado.

L: Usted frecuentó y frecuenta la poesía. ¿El límite, la frontera del lenguaje es una morada ineludible para alguien que se autorice a nominarse poeta?

M.C: Creo que la poesía no está ligada exclusivamente al lenguaje, sino a toda la experiencia humana. Se traduce a través del lenguaje, pero no considero que el lenguaje pueda ser agotado. Los modernistas creían que el lenguaje estaba acabado y que ellos representaban el punto culminante de la poesía y de las artes. Todo lo que existía antiguamente se enviaba al museo, tal y como una locomotora eléctrica envió al museo a la de vapor. Solo que en el arte no existe un progreso, una idea de progreso como existe en la tecnología. Los lenguajes antiguos pueden ser retomados, combinados, reciclados. El lenguaje, de hecho, es infinito.

L: Una pregunta que me surge a raíz de lo que usted acaba de comentar. Jacques Lacan decía que no hay nadie que se sostenga salvo el que habla en nombre de la palabra. ¿Qué opina de esta tendencia del mundo actual a considerar que todo lo humano proviene de lo biológico? Parece una posición que puede arrasar con toda la potencia de lo que nos hace humanos, el lenguaje.

M.C: Esta evolución es triste. En nuestra civilización no es la única vuelta hacia atrás, pero tal vez sea la más trágica. Porque ese destino biológico que se busca en todas partes, evita, elude el concepto mismo de cultura, que es un concepto espiritual. En definitiva, elude la vida interior del ser humano. Yo creo que la gran catástrofe de la sociedad actual es la renuncia a la vida interior. A la gente ya no le preocupa lo que son ellos mismos, le preocupa cualquier otra cosa. Es una cultura de los gadgets, de los objetos de todo tipo, de los juguetes con los que, de hecho, nos suicidamos.

L: Es indudable que su obra acoge un pensamiento profundo, digno de las más relevantes reflexiones sobre lo humano, una obra que evoca muchas de las disquisiciones actuales sobre el sujeto y la pérdida de referentes simbólicos en el mundo actual. En ese pensamiento parece concederle un importante privilegio al sueño como realidad inseparable de la subjetividad. Esto lo acerca a nuestro territorio, es decir, al psicoanálisis. ¿Tiene algún tipo de relación con esta disciplina, con su saber? ¿Ha leído a Freud, o a Lacan?

M.C: El mundo actual tiene la tendencia a sustituir la hermenéutica por el arte de la adivinación. El libro de Finnegans Wake de James Joyce no está hecho para leer sino para adivinar en él. Se lee como en los posos del café. Más o menos así son las obras contemporáneas, en las que de hecho lees tu propia imagen, te lees a ti mismo.

Respecto a la segunda parte de tu pregunta, en mi juventud leí mucho psicoanálisis, Freud, Adler, Jung, Marie Bonaparte, es decir, psicoanálisis clásico. Me sentí muy interesado por este ámbito. En general, me fascina el cerebro humano hasta el punto de que creo que es mi único hobby. Leo mucho sobre fisiología y patología cerebral y con gran rendimiento. Me parece que todo lo que tiene que ver con el cerebro humano es poesía pura.

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