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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La excelencia narrativa de Iris Murdoh

Antes de nada quiero que conste que estas líneas no pretenden ser una reseña del libro, pero sí un apasionado llamamiento a la lectura de una muy buena escritora. En efecto, leo a la magistral novelista Iris Murdoch, que nació en Dublín en 1919, y murió como quien dice antes de ayer, en 1999. En la editorial Lumen hay un haz de sus títulos, y alguno más en Alianza. Ahora se suma Impedimenta, con su proverbial diseño y mimo. ¡Así se hace un libro señores míos! Y con la eficaz traducción de Luis Lasse, ya editada por la vieja Alfaguara.

Aquellas personas que estén a gusto con una buena novela inglesa que pertenezca a su gran tradición literaria -de carácter realista-, se sentirán como peces en el agua leyendo a Iris Murdoch. Son historias muy bien trabadas al alma de la gente, a nuestras inquietudes, pensamientos y demás devaneos existenciales y/o morales. Y con esos leves toques de humor y ese espíritu refinado que respiran.

La editorial Lumen -a iniciativa de Álvaro Pombo y otras personas- creó una «Biblioteca Iris Murdoch» para el gozo de los lectores hispanos. Se llegaron a publicar unos seis o siete títulos, no recuerdo bien. Pero duró poco el placer en casa del pobre. Supongo que la gerencia es la gerencia y las ventas son las ventas. Y se acabó.

Una pena que haya dinero para tantas patochadas, y a una de las mejores escritoras del siglo XX la dejemos varada en una cuenta de resultados. Pero tampoco nos podemos quejar en exceso, pues tenemos traducidos un respetable número de los libros de Iris Murdoch. Incluido Iris y sus amigos, escrito por su marido John Bayley, al igual que Elegía a Iris, publicados los dos por Alianza. O incluso tenemos la película Iris (2002), dirigida por Richar Eyre.

Y mientras leo, fascinado, su novela Henry y Cato (Impedimenta) me encuentro con este pasaje. Se trata de un párrafo que pertenece a un monólogo interior de John Forbes, uno de los personajes que transitan por allí. Lo traigo a colación porque me parece muy actual, y porque me parece escuchar en él la voz de Iris Murdoch. Dice: «La juventud carece de firmeza, pensó. No son como fuimos nosotros. No pueden afrontar nada que les resulte difícil. No se les ha enseñado la importante diferencia que existe entre hacer las cosas bien y hacerlas mal. No quieren ser más que ellos mismos, pero la educación es el proceso de ampliación y cambio que se desarrolla hasta poder llegar a comprender aquello que es diferente. No es de extrañar que la indolente y vocinglera juventud izquierdista esté derivando hacia un anarquismo obtuso: siempre quejándose, cuando hay tantas cosas buenas por hacer y tanto por aprender y por lo que regocijarse. Evidentemente, los problemas comienzan en el colegio, y están todos ellos empapados de autocompasión».

¿No os resulta familiar esta disección, esta visión…

Por Guillermo Urbizu.

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