cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Nostalgia», de Mircea Cǎrtǎrescu

Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) es posiblemente el más importante narrador rumano de la actualidad. No muy conocido en España, pero sí en su país natal es autor de poesía, novela, nouvelle, y relatos. Y a través de estos dos últimos géneros de narración breve nos llega Nostalgia, una antología en falso formato de novela extensa cuyos prólogo, cuerpo y epílogo son solamente excusas para encuadrar una suerte de relatos independientes y distintos.

La escritura de Cărtărescu es compacta, abigarrada. Escribe en un torrente que inunda de descripciones olfativas, visuales y percepciones sensoriales y sinestésicas toda la narración. Hay algo de salvaje, de lisérgico viaje por los recovecos de la memoria hasta la infancia. Porque parece que el autor hallase en ella su paraíso perdido y añorado, su campo de juego. Tanto en el relato «El mendébil» como en «REM» hay esa incursión en el territorio de la niñez. Sobrevolando este libro hay un narrador omnisciente que se inmiscuye en las historias y distorsiona sus argumentos. Un ejemplo de este juego metanarrativo sucede en «REM». La protagonista, en una de sus aventuras oníricas y estrambóticas, se encuentra con un escritor que está escribiendo «REM» y que no es otro que el propio Cărtărescu . Un juego intertextual y unamuniano que nos recuerda La continuidad de los parques de Julio Cortázar. De hecho, no parece casual que la primera palabra de esta breve nouvelle sea Cortázar. Estas fantasías de niños cargadas de guiños filosóficos convierten a los protagonistas en seres míticos que ejercen rituales, envueltos en un aura mística y telúrica cargada de simbolismo y magnetismo. En «REM», sin duda la mejor pieza, la trama parece dirigirse sin control por medio de las voces de los protagonista y bifurcarse en subtramas cuyo único nexo en común es el propio REM, símbolo misterioso que se va anunciando paulatinamente, y al que se accede a través de los sueños: «Los sueños se ligarán si eres tú, y te llevarán hasta REM. No hay otro camino». Es una especie de Aleph borgiano que funciona como catalizador y puerta de las fuerzas oníricas y fantásticas hacia otra realidad. Como la madriguera de conejo en Lewis Caroll o como las grutas de Dante.
Cierra el volumen «El arquitecto», desquiciada historia de una obsesión musical que finaliza con una hecatombe de dimensiones cósmicas.
El autor de ese volumen de narraciones parece querer moverse en un espacio ambiguo, entre la realidad y la fantasía, entre los sueños y la realidad. Ejercicio de funambulista que trasgrede los puntos de vista y las voces narrativas y así convencernos de que la historia que se nos presenta no es tal, sino un delirio, una alucinación de la que somos partícipes o víctimas.

En el primer relato, «El ruletista», un escritor nos advierte de la posibilidad de que la ficción es el único mundo posible en el que su protagonista puede existir. Un hombre que desafía al azar y que juega a la ruleta rusa más allá de lo insospechado. Y como es un personaje ficticio, y habida cuenta de que él (el narrador) lo conoció en persona, concluye, él es también un ser ficcional y por lo tanto inmortal. Inmortal como esta serie de historias que nos llegan de Rumanía cargadas de extraños símbolos, sueños e irrealidad.

Por Pedro Pujante.

Scroll Up