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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Decandencia al este del muro

Arenas movedizas. Impedimenta publica en España una novela gráfica que documenta, entrelazando la política con la vida de las familias, los días que precedieron la caída del muro de Berlín y el derribo del régimen comunista de la República Democrática Alemana.

El mayor drama para los ciudadanos de la extinta República Democrática Alemana fue el que se vivió tras la caída del muro de Berlín. Se abrieron los archivos de la Stasi, el servicio de inteligencia más efectivo y represivo del mundo, y se conoció que seis millones de habitantes habían sido espiados. En muchos casos, la información procedía de las propias familias. Esposas delatando a sus maridos, hermanos a hermanas. Todo bajo la más estricta confidencialidad. Una historia como esa se cuenta en Arenas movedizas (Impedimenta), una novela gráfica que relata con claridad los últimos días del bastión comunista.

Alexander Lahl y Max Mönch firman el guión de esta obra ilustrada por Kitty Kahane. El trío que firma la cubierta está especializado en literatura infantil, pero eso no produce ningún distanciamiento pueril con uno de los capítulos más tenebrosos de la historia contemporánea de Europa. 25 años después de la apertura de fronteras entre las dos Alemanias, todavía queda mucho por contar de uno de los regímenes más opresores del Telón de Acero.

Los autores colocan en la historia a un reputado reportero internacional del New York Times, Tom Sandman, que tras haber contado desde el terreno los sucesos de Tiananmén en China, es enviado por su director a seguir los incidentes en la Alemania comunista después de los disturbios de Dresde. Sandman, escéptico, no cree que vaya a pasar gran cosa, pero al tiempo va articulando el retrato, acelarado, de la descomposición del sistema.

Allí quedan retratados todos los protagonistas. El todopoderoso líder de la nación, un anciano Honecker que no coincide en nada con el aperturismo que promueve la Unión Soviética de Gorbachov. Su excéntrica mujer, también ministra de Educación, o el temible jefe de la Stasi. Un Erich Mielke que a sus 81 años todavía es el brazo ejecutor del terrorífico órgano. Sandman conoce en Berlín occidental a Ingrid. Una nadadora, huida del Este, con una historia personal dura. La vida familiar, los orígenes de disciplina y fidelidad al partido de la chica, con la que Sandman inicia una historia romántica, van situando en un plano real al periodista. Ella le va desgranando, con algunas zonas infranqueables, su relato familiar. Muy similar al que se vivía en todo el país.

Esta novela gráfica es un retrato perfecto de los acontecimientos de aquellos días. Que mira con cinismo a la unificación alemana, celebrada en los anales como una historia de reconciliación admirable, pero que nació casi de forma casual. El deceso de un régimen tan antiguo como sus gobernantes, al que la fatiga y el aislamiento internacional acabó por sepultar a pesar de la resistencia de sus jerarcas. La historia de la RDA no se ha difuminado a lo largo de un cuarto de siglo. Hoy todavía hay peticiones millonarias de ciudadanos de la antigua república solicitando acceso a los documentos desclasificados. El poder del partido, el totémico SED, se infiltró en cada hogar del país y en muchos casos sembró desconfianzas imposibles de reconducir. La caída del muro ha limpiado las fronteras geopolíticas del mundo occidental, pero como se refleja en las páginas de este cÓmic que se puede interpretar como un lúcido ensayo de aquellos días, es que la vida de las personas de la RDA quedó contaminada hasta el paso de muchas generaciones por el horror y el temor. Por la sensación de que el dato que podría asesinarte socialmente podía proceder de tu propia casa.

Por David Ojeda.

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