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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Una novela salvada del fuego

Impedimenta publica por primera vez en castellano Una chica en invierno, una de las dos novelas que el poeta inglés Philip Larkin no quiso quemar como sí hizo con otras tres.

De la etapa de su vida que ejerció como bibliotecario, el poeta inglés Philip Larkin (1922-1985), uno de los más aclamados del pasado siglo XX, dejó para la posteridad el perfil trazado para la protagonista de su novela Una chica en invierno, la última de sus grades obras que aún no habían sido publicadas en castellano y ahora lo hace Impedimenta con una traducción a cargo de Marcelo Cohen.

Katherine es una joven refugiada que trabaja entre estanterías de libros en el frío invierno de una gris ciudad inglesa en plena Segunda Guerra Mundial. Frustrada y a un tiempo resignada a seguir manteniendo este supuestamente triste y monótono trabajo en un lugar tan mortecino como su propia existencia en un periodo tan cruel como fue la Segunda Guerra Mundial, la protagonista de Una chica en invierno sólo se despierta ilusionada ante la perspectiva que se le plantea de un reencuentro con el que fue su primer gran amor.

En las horas previas a este esperado reencuentro, la joven bibliotecaria recuerda aquellas idílicas vacaciones en las que perdió la inocencia y despertó a una nueva vida adulta cargada de ilusiones. Robin, el chico que encendió el amor en Katherine aquel crucial verano de juventud, es la única persona que podría poner fin a su frustrante vida, que sobrelleva con resignación y mortificante tristeza.

El considerado por el prestigioso diario The Times como el mejor poeta inglés de posguerra nunca tuvo clara su vocación narrativa, y de hecho tiró al fuego tres de sus cinco novelas nada más acabarlas. Antes de Una chica en invierno, publicada en 1947, publicó su primera novela sólo un año antes, Jill. Pero el olfato de su editor le llevó a preguntarle si escribía también poesía. Desde ese momento, Larkin fue ante todo y sobre todo poeta. Claro ejemplo de ello fue el rotundo éxito que alcanzó con la recopilación de poemas bajo el título de Un engaño menor, escritos durante el lustro que vivió en Belfast, su etapa más creativa. A partir de entonces ya fue para siempre un artista de culto y de referencia en la poesía británica posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Amigo del también escritor Kingsley Amis, sus primeros poemas recibieron la clara influencia de tres poetas anglosajones míticos: Eliot, Auden y Yeats, pero fueron los versos de un predecesor de todos ellos, Thomas Hardy, los que marcaron el estilo poético de Larkin, cuya sensibilidad también es transmitida en la trama y en el estilo contenido y bello de esta novela rescatada ahora por Impedimenta.

Por Natalio Blanco.

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