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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Abandonad toda esperanza, salmo 489º

«Ahora, gracias a la reciente (y preciosa) edición que ha publicado Impedimenta con el título de Pedro Melenas, podremos comentar con conocimiento de causa este relato ilustrado verdaderamente inclasificable, cuya fascinación nace de la pugna irresoluble entre su propósito didáctico, ideal para los infantes, y su naturaleza cruel y despiadada.»

Cuando en mis clases de la Facultad de Educación hablamos de literatura infantil y de álbumes ilustrados, un título que siempre sale a colación es Der Struwwelpeter, el libro que escribiera el doctor Heinrich Hoffmann para su primogénito a mediados del siglo XIX y que hoy está considerado como un clásico indiscutible de la literatura alemana para los lectores más jóvenes. Pero hasta el momento, cuando mencionábamos en el aula este volumen -que, por cierto, descubrí cuando era adolescente como cita visual en un cómic de la Doom Patrol de Grant Morrison, ese guionista al que debo tanto- lo hacíamos de oídas, atendiendo a lo que los estudiosos habían dicho de él. Ahora, gracias a la reciente (y preciosa) edición que ha publicado Impedimenta con el título de Pedro Melenas, podremos comentar con conocimiento de causa este relato ilustrado verdaderamente inclasificable, cuya fascinación nace de la pugna irresoluble entre su propósito didáctico, ideal para los infantes, y su naturaleza cruel y despiadada. Esta dualidad da como resultado un enigma tan ambiguo como sorprendente, que en esta ocasión se acompaña para celebrar su ciento setenta aniversario de las diez historias realizadas ex profeso y a modo de homenaje por otros tantos ilustradores contemporáneos, entre ellos un par de Premios Nacionales de Ilustración como Emilio Urberuaga y Elena Odriozola, esta última galardonada este mismo año. Por lo demás, señalar que como siempre que hablamos de la editorial madrileña nos encontramos con un libro editado con una exquisitez arrebatadora; les ha quedado tan bonito que, sumado a la crueldad de su contenido, mucho me temo que aquellos padres que lo adquieran acabarán quedándoselo para disfrutarlo ellos solos.

Del volumen del que sin duda sí podrán sacar algunas historias que contar a los más pequeños es el fundamental El libro de los 101 cuentos: fundamental porque están todos esos relatos populares que nunca hemos leído pero que conocemos por transmisión oral, como «El traje nuevo del emperador», «Los tres cerditos», «Pulgarcito», «La Bella Durmiente», «Caperucita Roja», «El patito feo», «Blancanieves», «El Gato con Botas», «El lobo y los siete cabritillos» y varios más; y porque también están otros muchos que son menos conocidos pero que Christian Strich ha considerado merecedores de figurar igualmente en esta antología con bellas ilustraciones a cargo de Tatiana Hauptmann. En resumidas cuentas: una auténtica joya digna de pasar, como los relatos que incluye, de generación en generación; que pese al empaque físico del libro puede adquirirse por unos míseros veinte euros; y que, antes de que lo pregunten ya les digo yo que sí, efectivamente incluye un centenar de cuentos más uno. En efecto, me he tomado la molestia de contarlos.

Para terminar, y orientado ya a lectores más adultos -no olviden que el mito de que los cuentos son solo para niños no es más que eso, un mito sin fundamento-, no quiero dejar de recomendar la Antología de cuentos de terror en dos volúmenes armada por Rafael Llopis, una de nuestras escasas autoridades en el campo de la literatura del horror. Sin entrar a debatir las leyes de mercadotecnia que han llevado a obviar en las cubiertas a los autores nacionales que abren y cierran la selección (respectivamente, Lope de Vega y Noel Clarasó) destacando en cambio a Daniel Defoe y H. P. Lovecraft, señalar que la antología recoge nombres inevitables como los de Poe, Le Fanu, Stoker, M. R. James o Machen, y a otros más sorprendentes -al menos para los profanos en este territorio- como el Marqués de Sade, Walter Scott, Dickens o nuestro Pedro Antonio de Alarcón, hasta alcanzar las casi mil páginas de pesadillas repletas de presencias fantasmagóricas, vampiros primigenios y entes innombrables.

Por cierto: estos libros son, todos ellos, ideales para regalar en Navidades (de hecho, como presente navideño fue concebido el libro de Hoffmann). Así que, si son ustedes de los previsores que hacen sus compras con tiempo, ya tienen aquí tres sugerencias para empezar.

Por Francisco J. Ortiz.

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