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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La caída del Muro de Berlín, un terrible dolor de muelas

No es un aniversario redondo, pero la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989) bien merece ser recordada, con una novela gráfica que cuenta los últimos días de la República Democrática Alemana. Arenas movedizas, escrito por Alexander Lahl y Max Mönch e ilustrado por Kitty Kahane es la propuesta que Impedimenta trae para esta fecha. Un cómic en color, pero con tonos fríos.

¿Se puede hacer algo en color que refleje la caída del Muro? Sí, pero con tonos apagados, hasta el amarillo y el rojo palidecen, porque el gris de aquellos días vela toda la obra. El imperio soviético se desmoronó a partir de la caída de esa primera ficha del dominó, hasta terminar con los 12.000 kilómetros de envergadura del sistema. Una historia de la que se cumplen 26 años y que para los jóvenes que ahora tienen 20 años resulta un tanto lejana y ajena.

La caída del Muro fue un dolor de muelas para los mandatarios de la RDA, que vieron cómo en una noche se deshacía lo que habían conservado 40 años. Tras mantener una irracional división de la capital alemana, por un lapsus, o una coincidencia, cede por su propio peso: el del pueblo que no puede más, el de un sistema inviable.

Arenas movedizas es la crónica de un país en fuga.

La historia está contada a través de las desventuras, más que aventuras, de un periodista norteamericano, corresponsal de guerra, que acaba de regresar de la masacre de Tiananmén, y no está en su mejor momento (con un dolor de muelas similar a la situación política que se vive en Berlín). La vida del periodista de 1989, que cuenta, de primera mano, cómo vivió esos días. Y en los previos: conoce un poco más el modus vivendi del bloque del Este, con sus restricciones, controles de policía, las cárceles políticas y las paradojas de la división de la RDA y RFA.

Estilísticamente es un cómic oscuro, inquietante, que incluso se podría englobar en el feísmo. Transmite el desasosiego de la reunificación inminente, con trazos negros, muy duros, muy marcados, que se recrudecen cuando se evocan los sueños y pesadillas de los protagonistas. Pensamientos recurrentes de un corresponsal de guerra que ha presenciado aberraciones, y que se diferencian con un color cetrino (más aún).

El final de la RDA, la caída del Muro de Berlín y del imperio soviético, se materializa en esta obra con una concatenación de errores de un sistema que estaba colapsado y que no pudieron frenar. Un cómic que resume un momento clave de nuestra historia más reciente (el antes de ayer de Europa), para traer a la memoria esta fecha señalada.

Datos que salpican la novela

Al final del libro se incluye una especie de reproducción del cuaderno del periodista: unas hojas cuadriculadas, de color amarillo soviético, con datos espeluznantes, como que de 1977 a 1989 se vendieron un total de 35.000 presos políticos al bloque del Oeste por un total de 3,5 millones de marcos, que el plan secreto de internamiento de Erich Mielke afectaba a unas 85.000 personas «de modo preventivo», o que la cárcel de mujeres de Hoheneck atrapó a unas 14.000 reclusas. Sirve de glosario, de guía de lectura, y no deja de ser una forma de ahondar en la vida del periodista, con garabatos y dibujos (como cómic que es), traducidos por Ernesto Calabuig.

Por Carmen Carbonell.

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