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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
¡Qué bella es la melancolía!

«Las obras de Larkin atrapan por el trato exquisito que dedica a cada palabra, cada frase, cada párrafo, elegantes y primorosamente concebidas para deleitarnos con ellas, y a las que siempre aplica las máximas de la sutileza y la concisión.»

Aunque suene reiterativo, no me resisto a volver a comentar, también recomendar, que leer un libro editado por Impedimenta constituye siempre un placer: me encanta el tacto de su papel, las magníficas ilustraciones en la cubierta y en la portada interior, así como los detalles que priman en su diseño y sus magníficas traducciones; lo dicho, no dejen de hacerse con uno de esta editorial porque conseguirán hacerle disfrutar con la mayor parte de los sentidos que poseemos. En esta ocasión, la obra que ha caído en mis manos es Una chica en invierno (1947) de Philip Larkin, más conocido por sus incursiones en el terreno de la poesía que de la prosa; de hecho ésta es una de las dos únicas novelas que llegó a publicar y en la que ya se adivina sus dotes para este género.

Esta historia tiene como protagonista a Katherine, una joven que emigra -de algún punto sin concretar de europa central junto al Rhin- a inglaterra en plena segunda Guerra mundial huyendo del conflicto bélico. Pasa sus días en una ciudad inglesa, donde lleva una existencia fría, dura y anodina como bibliotecaria sufriendo los ataques de un jefe cuya única preocupación es hacer méritos. tras llevar un año y medio en el país y tras haber recalado también en londres decide enviar una carta a la familia Fennel, con la que pasó tres semanas durante un verano a la edad de 16 años. La nostalgia y el profundo sentimiento de soledad que la persigue es la que la lleva a enviar esa misiva y tratar de retomar el contacto con Jane, pero sobre todo con Robin, su amor de juventud.

En Una chica en invierno, Philip Larkin ahonda en mostrar, desde el punto de vista narrativo, los contrastes que se experimentan con el cambio de las estaciones, así describe, con profusión, como es el invierno gris, lúgubre y monótono, en el que vive su tedioso presente la protagonista de esta novela que encarna la amargura de vivir en el exilio y la tristeza que siente por una vida que consume sin ninguna compañía. Sin embargo, estos relatos contrastan con los que muestran a Katherine reviviendo los momentos que pasó durante un maravilloso y luminoso verano, la época en que conoció a Robin, los sentimientos que éste le inspiraba, su primer enamoramiento, unas emociones que aún rememora y que confía, de alguna manera, en volver a revivir, aunque es plenamente consciente de que el tiempo ha pasado y no son aquellos jovencitos ingenuos que paseaban en batea por las tranquilas aguas del Támesis.

Un estilo impecable es cómo podemos calificar la pluma de este autor inglés cuyos textos destacan por la delicada, apenas perceptible, ironía, que desliza veladamente entre sus líneas, pero también por la pura y melancólica poesía que atesoran, en sintonía con el descontento y el desarraigo que siente Katherine.

Las obras de Larkin atrapan por el trato exquisito que dedica a cada palabra, cada frase, cada párrafo, elegantes y primorosamente concebidas para deleitarnos con ellas, y a las que siempre aplica las máximas de la sutileza y la concisión. Definitivamente, Una chica en invierno es una novela para disfrutar de la magia que irradian las descripciones de philip larkin y de su cuidado y lírico estilo narrativo.

Por Ángela Belmar Talón.

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