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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Mis críticas: «Los infortunios de Svoboda»

Deliciosa, original y ocurrente, Los infortunios de Svoboda es una buena muestra de la literatura europea de entreguerras y una impresionante novela sobre la estupidez humana.

Reconozco que no conocía a este autor húngaro de nada. Y eso que, rebuscando en su biografía, ha sido un conocido guionista en la época dorada de la meca del cine en los años entre el mudo y el sonoro, trabajando hasta con el gran maestro Lubitsch en su película Deseo. Lo cierto es que ha sido un gran hallazgo descubrir a János Székely, escritor de dos únicas novelas, siendo ésta la más breve de ellas.

Los infortunios de Svoboda
es la historia de un hombre desgraciado en los tiempos de la invasión nazi en un pequeño pueblo de la Bohemia. Nacido en Eslovaquia, siendo un niño murió su madre, y eso le marcó de por vida. Fue reclutado para el servicio militar y le sorprendió la Primera Guerra Mundial al poco tiempo. Aunque a los pocos días quedó herido por metralla y salió vivo del frente. Svoboda no es muy agraciado, aunque sí bastante grande, y se gana la vida ayudando a la gente a llevar equipajes. Bueno, eso era antes, ahora casi no pasan trenes por la vieja estación en la que duerme en la sala de espera sobre montones de heno. De pronto los alemanes invaden el pueblo, y se enteran de un complot para asesinar a Hitler a su paso por dicho pueblo. Y a quién mejor que el tonto del pueblo para hacerle responsable de dicho atentado.

János Székely es un escritor que, aun sólo habiendo publicado dos novelas, puede ser reconocido mundialmente por su sabia escritura. Y es que no hacemos sino leer las primeras frases de esta novela para quedarnos prendados de la historia… y de su escritura. Porque János Székely nos asombra con una deliciosa trama de malentendidos y personajes inolvidables. La rapidez de los hechos, unido al colorido de cada situación, nos hace olvidar que estamos leyendo una novela para hacernos creer que estamos ante una pantalla de cine con una película trepidante. Sin ahondar en innecesarias descripciones, cada personaje es retratado soberbiamente, y no sólo el protagonista de la obra que, apareciendo en las primeras páginas en todo su esplendor, se desvanece hasta que casi llegamos al final de la obra, para recrearnos con otros muchos que aparecen en forma de capítulos en los que se nos narra sus curiosas vidas y sus implicaciones con la trama de la obra. Los infortunios de Svoboda es una deliciosa novela sobre el absurdo, que fluye con una maestría inaudita, haciéndonos creer que estamos ante un cuento clásico de Grimm o Andersen, y contagiándonos un espíritu jovial y divertido -a pesar de los tiempos difíciles que corren en ella-, gracias a su sabia escritura: sencilla, cuidada y delicada. Una obra que recuerda, como muy bien nos reseña Pablo d’Ors en su prólogo, a las obras clásicas rusas, en particular a Dostoievski, y a ciertas novelas de Dickens en la elaboración de los tristes personajes que pueblan la obra y en la melancolía de fondo. Pienso que no es casualidad que Pablo d’Ors haya sido elegido como autor prologuista de esta obra ya que otra suya, El impresor Zollinger, impresionante bella, que fue editada hace años en Anagrama y recientemente en Impedimenta, la misma editorial de la obra de la que estoy hablando, ahonda en tiempos idénticos y comparte unos espíritus que andan muy parejos.

La inteligencia, como se demuestra a menudo, es una cualidad demasiado sobrevalorada. Porque en una época en que la única solución que miles de personas inteligentes encontraban a sus penurias económicas eran el veneno, el gas inflamable o las pequeñas armas de fuego, al tonto de Svoboda le iban muy bien las cosas. De hecho, él creía poder todo aquello que cualquier hombre pudiera desear. (p. 21)

János Székely
Budapest, 1901 – Berlín, 1958
János Székely nació en Budapest en 1901, en el seno de una familia humilde. La temprana muerte de su padre le obligó a ayudar a su madre a tirar de la frágil economía doméstica; una infancia dickensiana que después trasladaría a sus novelas. Con tan solo quince años, debutó como poeta con la publicación de sus primeros versos en un periódico de su ciudad natal, aunque jamás llegó a conocer a los redactores que le dieron esta oportunidad, pues, según sus propias palabras, «no disponía de unos pantalones largos para acudir a las entrevistas». Debido a sus ideas políticas, cuando el gobierno de Hungría cayó en manos del ultraconservador Horthy, Székely emigró primero a Viena y después a Berlín. Allí, aprovechando el calor que le proporcionaban los trenes de cercanías, continuó escribiendo poemas, relatos y hasta piezas teatrales, y también ganó su primer concurso literario. En 1926 tomó contacto con la industria cinematográfica y comenzó a escribir sus primeros guiones para películas mudas, hasta que en 1934 Lubitsch se lo llevó a Hollywood para trabajar en el texto de la película Desire, con Marlene Dietrich y Gary Cooper. Desde ese momento no dejaría de viajar entre EE.UU. y Hungría, hasta que en 1938 se estableció en Nueva York, donde continuó su exitosa carrera como guionista, que culminó con la obtención de un Oscar por Arise, My Love, de Mitchell Leisen, con Claudette Colbert y Ray Milland. En los años cuarenta, bajo el seudónimo de John Pen (utilizaba el de John S. Toldy para los guiones), pues temía que debido a su tendencia pacifista y antibélica se tomaran represalias contra su madre, que aún vivía en Hungría, comenzó su carrera como novelista. Fue entonces cuando terminó su primera obra, Los infortunios de Svoboda, una brillante alegoría de la invasión nazi que ubica en un pequeño pueblo checoslovaco. En 1946 culminó su gran novela autobiográfica, Tentación, que fue recibida por la crítica como una obra maestra, situándole a la altura de maestros naturalistas como Maxim Gorki o Émile Zola. Objetivo de la caza de brujas de la era McCarthy, se vio obligado a emigrar con su familia a México, desde donde viajaron de nuevo a Europa, a Berlín, lugar en el que fallecería el 16 de diciembre de 1958. Sus cenizas yacen en un cementerio de Budapest.

Por Javier

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