cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«El ojo castaño de nuestro amor», de Mircea Cărtărescu

No os quepa duda de una cosa: hay que leer a Cărtărescu. Aunque sólo sea como bálsamo.

«Como si, al escribir, cada línea que trazo en la página con el bolígrafo se cubriera de moho y cada página que dejo atrás, cubierta con mi escritura, se abarquillara, amarilleara y se retorciera como una hoja seca. Pero yo seguiría escribiendo igualmente cada vez más rápido, para que no me alcancen el desastre y la desgracia.
Como si, al releerme, cada fotón que choca contra mi página, rebota y atraviesa mi retina envejeciera sobre la marcha, se arrugara como un grano de pimienta y, en lugar de luz, brotara de él un polvo sofocante, como el polvillo de las alas de las mariposas muertas, clavadas con un alfiler oxidado en el insectario.»

Hace ya muchos años que descubrí a este escritor cuyo apellido me sigue obligando a buscar en el teclado y caí rendida ante la belleza de sus palabras. Por eso cada año espero impaciente hasta saber si habrá título, hasta leer ese nuevo título. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El ojo castaño de nuestro amor.

Este libro, concebido como la sucesión de una veintena de relatos, nos da una muestra a retazos de la vida y memoria del autor. Pero más allá de eso, que sería lo básico a decir, más allá de hechos peculiares como el descubrimiento de la literatura, el fallecimiento de su hermano, el servicio militar y el nescafé o incluso unos jeans, encontramos el germen de su obra para deleite de quienes ya han leído los títulos nombrados, y guía para aquellos que no. Y junto a todo esto nos deja alguna reflexión sobre literatura o poesía y también un poco de fantasía en un volumen muy completo que tiene bonito hasta el título.

Podría escribir la entrada de hoy a base únicamente de fragmentos del libro que traigo y sabría con toda seguridad, que ibais a salir de su lectura enamorados y buscando una librería. En eso consiste el placer de leer a Cărtărescu. Más allá de lo que nos cuenta, hay un extraño placer en leer cómo lo hace y dejarnos llevar por su magnífico cuidado de las palabras.

Es un placer dejarse llevar por las letras de una de las voces más importantes de la literatura contemporánea. Descubrir en ellas el origen de algunos de sus personajes, o en El cuarto corazón, acompañar a quien quiso romper un corazón de plomo. Cărtărescu nos invita a ver niñas en el agua con ojos de príncipe, a conocer a la chica del borde y nos habla también de D, mientras recuerda el momento en que no quiso escribir un simple poema, es más, aquella querencia se convertiría en El Levante. Nos habla de la juventud y la creación, de escritos y escritores y también de la mediocridad y la invención y en un cortísimo momento, nos habla de Jesús, ese hombre que se refleja escribiendo una y otra vez y cuya vida nos es contada por terceros. Ha conseguido que me enamore de una ciudad que no he visitado y que un lunar, deje de ser un simple lunar. Y es que leer El ojo castaño de nuestro amor, como se titula uno de los relatos (tal vez mejor retazos de vida o de alma) supone exponer la piel a las palabras del autor sabedores de que poco a poco desarrollaremos una sensibilidad similar a la que tenemos ese primer día de sol y que, esas misma palabras que provocaron la sensibilidad, serán como un bálsamo capaz de erizarnos la piel.

Comenzaba explicando que hay retazos de alma en este libro, de vida, y hay mucha literatura en sus letras. Sin embargo me cuesta decir que son relatos porque durante su lectura no los percibí como tales, por eso he sustituído la palabra por retazos o fragmentos. En todo caso, podéis darles el nombre que mejor os convenga, pero estamos ante una gran opción para descubrir las letras del autor y dejarnos enamorar por ellas.

No os quepa duda de una cosa: hay que leer a Cărtărescu. Aunque sólo sea como bálsamo. Y una vez leído, venid y decidme si no ha sido una experiencia única y habéis querido alargar los días para seguir leyendo y luego alargar las páginas para no terminarlo.

Y es que los libros, no todos pero si algunos… los libros son:

«Los libros son como las mariposas. Habitualmente tienen las alas plegadas, como cuando las mariposas descansan sobre una hoja y desenrollan su trompa filiforme para sorber el agua de una gota de rocío. Cuando abres un libro, este se echa a volar.»

Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

Scroll Up