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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
El padre como género

Un padre extranjero es un bellísimo ejercicio memorialístico trufado con la ficción de otras historias que discurren en paralelo.

Aceptando el neologismo autoficción, Un padre extranjero, la nueva novela del argentino Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964), podría ingresar sin apenas enmienda en el catálogo de este género literario donde el escritor desarrolla una triple identidad (la de autor, narrador y protagonista), y donde, con la destreza de un malabarista, entrelaza pasajes reales de su propia vida con experiencias ficticias que se ponen juntas en ruta y, en cierto modo, se retroalimentan durante todo el camino.

Berti, periodista y escritor ya consagrado al otro lado del océano, aprovecha en este libro su condición de hijo de emigrante en la Argentina de la primera mitad del siglo XX, con el que se lleva 50 años de diferencia y un océano de distancia cultural y lingüística, para saldar una deuda que parecen tener contraída muchos escritores de su generación: escribir finalmente «la novela del padre» -con una fuerte presencia en la narrativa contemporánea-; justificar en un plano literario e intelectual débitos de familia más intestinos que cerebrales, y purgar ciertas ingratitudes de los hijos hacia los padres que, no por ser ley de vida, están libres de su preceptiva catarsis en la edad adulta.

Así las cosas, Un padre extranjero es un bellísimo ejercicio memorialístico trufado con la ficción de otras historias que discurren en paralelo: como si las confesiones tardías a su hijo de un ciudadano rumano que huye de una Europa en el umbral de la Segunda Guerra Mundial le supieran a poco; o como si abordar en exclusiva su propia vida desde lo novelesco le pareciera un ejercicio de desnudez desechado de pura impudicia.

Lo cierto es que Berti teje un relato ciertamente original, propio solo de los escritores mejor dotados, que aborda tres grandes temas universales: la condición de exiliado, la de padre y la de escritor. Es esta última la que le da la justificación para explorar la idea de frontera, de límites: entre autobiografía y ficción. Entre lector y escritor. Entre distintos idiomas. Entre países y culturas diferentes. Y más allá: entre siglos diferentes. Y es que el autor construye junto al recuerdo de los últimos días de vida de su padre, un sinuoso relato en torno al proyecto literario en el que se halla inmerso en ese momento: la revisión de un suceso disparatado en la Inglaterra del XIX, el de un viejo marinero alemán que está convencido de que Joseph Conrad se burla de él en un cuento llamado «Falk» y que , para vengarse, decide matar al celebérrimo escritor, a cuya figura se acerca Berti con veneración. Es difícil de explicar cómo ha combinado sucesos tan diferentes, personajes tan alejados, situaciones tan peregrinas. Pero lo cierto es que una historia y la otra caminan juntas como si, secretamente, hubieran necesitado siempre de esa compañía.

Amalia Bulnes

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