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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
ÁFRICA ES NUESTRO REFUGIO.

En las páginas preliminares de este libro, Maryse Condé afirma que tardó en empezar a escribir porque «estaba demasiado ocupada viviendo, sufriendo, y no me quedaba tiempo para nada más».

Tenía más de cuarenta años cuando publicó su primer libro y esta segunda parte de sus memorias vio la luz en 2012 tras contar en «Corazón que ríe, corazón que llora» los recuerdos de su infancia y su primera juventud entre la isla antillana de Guadalupe donde nació y sus primeros contactos con París.
Tras aquel título que compendiaba una vida que oscilaba entre alegrías y tristezas, Condé se enfrenta aquí a la vida adulta, enseñando heridas y cicatrices a cara descubierta, sin maquillaje. Aunque bien hubiera podido aparecer «África» en el título, ya que este continente ha marcado radicalmente su vida, como lo ha hecho con tantos otros escritores. En la década de los sesenta Maryse Condé vivió amores apasionados, tuvo hijos de dos padres diferentes y descubrió la política en algunas de sus más duras manifestaciones: en el colonizado continente y sus luchas por la independencia, ya que vivió en la Guinea de Sékou Touré, que convirtió en un régimen de terror las esperanzas que los guineanos habían depositado en él.
Pero, a pesar de todo, de la miseria, del desprecio a la mujer, de entender allí, en su capital Conakri, lo que significa realmente la palabra «subdesarrollo», Condé «se enamoró perdidamente de aquel rincón del mundo tan desfavorecido» y sintió que África era su refugio. En esa misma época Duvalier sembraba el terror en Haití con los Tonton Macoutes y el Congo belga proclamaba su independencia, que ocasionaría el asesinato de Lumumba, el primer ministro de la república Democrática del Congo. Con la sabiduría que dan los años, la autora reflexiona al cabo del tiempo, mientras escribe estas páginas, en «lo poco que entiende el corazón de jerarquías, ya que sitúa al mismo nivel lo universal y lo particular», es decir, la falta de alimentos en la despensa y las tragedias de los países africanos.

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