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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La Poeta Y El Asesino, de Simon Worrall

Quizás el titulo pueda llevar a engaño en el sentido de que al aparecer en él -la poeta-, en este caso, Emily Dickinson, se pueda llegar a pensar que ella va a ser uno o el personaje protagonista de esta novela pero nada más alejado. Es cierto que, el autor usa la falsificación de un poema de Emily Dickinson como punto de partida para crear y envolver en atmósfera lo que vendrá después, porque Emily Dickinson es lo suficientemente interesante como personaje como para atraer la atención inmediata:

«Dickinson se ha convertido junto a Walt Whitman, en la poeta americana de mayor envergadura. Su lenguaje idiosincrático resulta atractivo para el oído posmoderno. Al igual que Sylvia Plath, Dickinson es considerada la encarnación de la conciencia femenina. Su existencia solitaria encuentra eco en el estilo de vida de la mujer actual»
(…)
Dickinson tampoco se sentía en sintonía con los tiempos que vivía. La enervaban la histeria y el fundamentalismo de los renacimientos religiosos que arrasaban Amherst; sufría con las matanzas y las divisiones causadas por la guerra civil, y detestaba la absorbente retórica de los politicos.»

En esta novela, lo que de verdad nos cuenta Simon Worrall es la historia de Mark Hoffman, un falsificador literario que consiguió engañar durante años a los mayores expertos del mundo falsificando documentos de personajes históricos, escritores, y realmente estas falsificaciones eran tan perfectas, que casi podrían considerarse auténticas obras de arte. Asi que el autor se sirve de una falsificación de un poema de Emily Dickinson por Hoffman para construir la novela y usarla como excusa y punto de partida para contarnos la vida de este falsificador inteligente, misterioso y complejísimo, y para ello se adentra en analizar los orígenes de su vida. Matt Hoffman criado bajo la estricta disciplina de la iglesia mormona, desde pequeño cuestionó la hipocresia de la religión de la que su familia era una férrea defensora, asi que de alguna forma desde muy jóven y usando su talento, comenzó a falsificar documentos mormones en una forma de rebeldia silenciosa.

«Era entonces, durante la falsificación, más que en ningún otro momento, cuando más en paz y más libre se sentía. Al pretender ser otra persona podía escapar de los demonios interiores que lo acechaban; olvidarse de sí mismo; dejar de ser el hijo confuso de una represiva familia de mormones, el escolar marginado con su calculadora al cinturón que no podía decirle a nadie lo que realmente sentía, el anticuario de provincias que apenas lograba ganarse la vida con los restos litearios de los muertos. Se convertía en poeta y en mago, en prestidigitador de tinta y papel, en ventrílocuo y en camaleón. Era Joseph Smith y Walt Whitman, Abraham Lincoln y Daniel Boone.»

Durante la novela, el autor se dedica a analizar tres temas para mi muy atractivos: la vida de Emily Dickinson como hilo conductor para entrar en la novela, la vida de Matt Hoffman, y finalmente, entra en las entrañas de la iglesia mormona analizándola históricamente desde sus orígenes, Me parecen tres temas tan atractivos y tan diferentes al mismo tiempo que lo que consigue aqui Simon Worrall es crear una novela muy atmósferica que aunque no es una novela de ficción, sino más bien una investigación novelada, si que consigue darle un ritmo casi de thriller, envolviéndola de suspense y de misterio.

La verdad es que es una novela que he disfrutado mucho, muy bien escrita y documentada, que nos ayuda a conocer a uno de los personajes más fascinantes del mundo del crimen, Matt Hoffman, un tipo cultísimo y apasionado por la literatura. Leyéndola me he acordado mucho de Patricia Highsmith que también parecía algo obsesionada por el mundo de las falsificaciones, y que a mi me parece todo un un universo muy rico en cuánto a reflexionar sobre identidades, mentiras y dobles subterfugios.

«Un manuscrito original, en cambio, bien sea el trozo de papel en el que Paul McCartney garabateó la letra «Hey, Jude» o un poema de Emily Dickinson, nos conecta de una forma visceral con el pasado y nos acerca lo máximo posible a los hombres y mujeres que cambiaron el mundo y dieron voz a los pensamientos y emociones, que nosotros no podemos articular.»

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