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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Narrar los árboles

La literatura de ficción profundiza en la corteza.

Los bosques tienen la capacidad de llevarnos hacia ciertas profundidades. La experiencia de salirse del sendero, adentrarse en el bosque y quedarse solo es como viajar al pasado más remoto del planeta, cuando la Tierra era vegetal y la vida crujía por todas partes. Al detenerse uno en mitad de la fronda lo que se observa es el infinito. Materia vegetal sobre materia vegetal. En ese metro de masa en fundición de musgo, hojarasca, ramas, troncos, helechos, insectos, bacterias, hongos hay más complejidad que en el motor de un Airbus. Aunque la gran lección del bosque es que la complejidad es simple: todo vuelve de donde vino, todo se hunde en el suelo para volver a resurgir, todo muere para volver a nacer. Y, en ese gran teatro del planeta, los árboles son todavía grandes personajes sobre los que la narrativa ha contado muy poco. Tras libros importantes publicados reciente- mente como El bosque infinito de Annie Proulx (Tusquets) o El árbol de John Fowles (Impedimenta), coinciden ahora en las librerías dos obras de ficción en las que el árbol es protagonista.

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